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La ONG-ización de la resistencia (por Arundathi Roy)

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Extracto de una confe­ren­cia que tuvo lugar en San Fran­cisco, Cali­for­nia, el 16 de Agosto del 2004 (tradu­cida del ingles), bajo la inter­ven­ción de Arund­hati Roy. 


El segundo riesgo que amenaza a los movi­mien­tos de masas, es la de la ONG – IZACIÓN de la resis­ten­cia. Sería fácil tergi­ver­sar lo que estoy a punto de decir en acusa­ción contra todas las Orga­ni­za­ciones No Guber­na­men­tales (ONG). Sería una false­dad. En las turbias aguas de impos­to­ras ONG’s algu­nas buscan esta­ble­cer o sacar con sifón el dinero de subven­ciónes o por medio de fraudes fiscales, desde luego, hay ONG’s que hacen un trabajo acep­table. Pero es impor­tante consi­de­rar el fenó­meno ONG, en un contexto polí­tico más amplio.

En India, por ejem­plo, el auge de ONG’s subven­cio­na­das comenzó a finales de los años 1980 y los años 1990. Esto coin­ci­dió con la aper­tura de los merca­dos de la India al neoli­be­ra­lismo. En ese entonces, de acuerdo con las exigen­cias del  ajuste estruc­tu­ral, el estado Indio reti­raba el finan­cia­miento del desar­rollo rural, la agri­cul­tura, la energía, el trans­porte y la salud pública. Como el estado aban­donó su papel tradi­cio­nal, las ONG comen­za­ron a trabajar en estas áreas. La dife­ren­cia, desde luego, es que los fondos pues­tos a su dispo­si­ción eran una frac­ción minús­cula del corte real en los gastos públi­cos del estado.

La mayoría de las ONG son finan­cia­das y patro­ci­na­das por agen­cias de ayuda al desar­rollo, que son a su vez finan­cia­das por gobier­nos Occi­den­tales, el Banco mundial, las Naciones Unidas y algu­nas corpo­ra­ciones multi­na­cio­nales. Aunque ellas no son agen­cias idén­ti­cas, cier­ta­mente son parte del mismo conjunto polí­tico que super­visa el proyecto neoli­be­ral y cuya prin­ci­pal exigen­cia es la obten­ción de recortes drás­ti­cos en el gasto publico.

¿Porqué estas agen­cias tendrían que finan­ciar las ONG? ¿Podría esto ser sola­mente un afán misio­nero pasado de moda? o ¿Culpa? Es sin duda un poco más que eso. Las ONG dan la impre­sión de llenar el vacío creado por un estado en reti­rada. Y es lo que hacen, pero de un modo mate­rial­mente incon­se­cuente. Su verda­dera contri­bu­ción consiste en desac­ti­var la cólera polí­tica y repar­tir a gota de agua, bajo la forma de ayuda o bene­vo­len­cia, aquello por lo que normal­mente la gente debería tener dere­cho. Ellas alte­ran la concien­cia [psiquis] pública. Convier­ten a la gente en vícti­mas depen­dientes y desa­fi­lan los bordes de la resis­ten­cia polí­tica. Las ONG forman una espe­cie de para­choque entre el sarkar [gobierno] y el público. Entre el Impe­rio y sus opri­mi­dos. Se han conver­tido en los árbi­tros, los intér­pretes, los faci­li­ta­dores.

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A largo plazo, las ONG son respon­sables para con sus finan­cia­dores, no para con la gente entre la que trabajan. Ellas son lo que los botá­ni­cos llamarían como una espe­cie indi­ca­dora. Tan es así que entre mayor es la devas­ta­ción causada por el neoli­be­ra­lismo, mayor es el brote [y los bene­fi­cios] de ONG. Nada ilus­tra esto más conmo­ve­do­ra­mente que el fenó­meno de los Esta­dos Unidos dispo­nién­dose a inva­dir un país y prepa­rando simultá­nea­mente las ONG para entrar ense­guida y limpiar la devas­ta­ción. Para asegu­rarse que su finan­cia­miento no es puesto en peli­gro y que los gobier­nos de los países para los que trabajan les permi­tirán seguir funcio­nando, las ONG tienen que presen­tar su trabajo con un perfil super­fi­cial, más o menos desa­pe­gado del contexto polí­tico o histó­rico. O por lo menos, de un contexto histó­rico o polí­tico inade­cuado.

Los informes apolí­ti­cos de angus­tia (y por lo tanto, en reali­dad, suma­mente polí­ti­cos) prove­nientes de países pobres y zonas de guerra, tarde o temprano hacen que la gente (sombría) de esos países (sombríos) parez­can vícti­mas patoló­gi­cas. Otro Hindú desnu­trido, otro Etíope privado de comida, otro campa­mento de refu­gia­dos Afgano, otro  Suda­nés muti­la­do… y todos con gran nece­si­dad de la ayuda del hombre blanco. Sin quererlo, las ONG, refuer­zan los este­reo­ti­pos racis­tas y reafir­man los logros, los consue­los y la compa­sión , es el “quien ama bien, castiga bien” de la civi­li­za­ción Occi­den­tal. Ellas son las misio­ne­ras secu­lares del mundo moderno.

Con el tiempo – a escala más pequeña, pero de forma más insi­diosa – el capi­tal dispo­nible para las ONG juega el mismo papel en la polí­tica alter­na­tiva que el capi­tal espe­cu­la­tivo, que fluye dentro y fuera  de las economías de países pobres. Este comienza a dictar el orden del día. Convierte la confron­ta­ción en nego­cia­ción. Despo­li­tiza la resis­ten­cia e inter­fiere con los movi­mien­tos locales de los pueblos que son tradi­cio­nal­mente inde­pen­dientes. Las ONG poseen los fondos con los que pueden emplear a los habi­tantes del lugar que de otra manera podrían ser acti­vis­tas en movi­mien­tos de resis­ten­cia, pero que de ahora en adelante pueden sentir que hacen el bien de manera inme­diata y crea­tiva (al mismo tiempo que se ganan la vida en ello).

La verda­dera resis­ten­cia polí­tica no ofrece ninguno de esos atajos.

La ONG-ización de la polí­tica amenaza con trans­for­mar la resis­ten­cia en un trabajo educado, razo­nable, asala­riado, y de nueve de la mañana a cinco de la tarde. Con algu­nos bonus sala­riales suple­men­ta­rios. La verda­dera resis­ten­cia tiene verda­de­ras conse­cuen­cias. Y ningún sueldo.

 Arund­hati Roy

 

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Los elocuentes dibujos que se expo­nen en este arti­culo son la obra de Stepha­nie McMillan, una cari­ca­tu­rista polí­tica Esta­dou­ni­dense, edito­ria­lista y acti­vista.


Traduc­ción-Edición: Santiago Perales.

 

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