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Contra la Sociedad de Masas (por Chris Wilson)

El hundi­miento de una ecología que había mante­nido a los hombres en número limi­tado y les había hecho sensibles al miste­rio y la diver­si­dad de toda vida nos condujo, como por alguna caída diabó­lica, a la caza y a la postura en rebaños del hombre por el hombre… Lo que sin duda prece­dió a la agri­cul­tura fue una modi­fi­ca­ción del modelo y del senti­miento que tenia el hombre de su lugar en el mundo; un cambio abrupto con el cual el hombre piensa que posee el mundo y donde los orga­nis­mos salvajes son exami­na­dos con la idea que aquel­los que mues­tran cierta placi­dez infan­til e inge­nua, pueden ser cria­dos y pros­pe­rar en cauti­ve­rio.”

Paul Shepard, [The Only World We’ve Got, cap. 8 ; 10.000 Years of crisis]


Contra la Socie­dad de Masas

La anarquía es un estado de exis­ten­cia libre de auto­ri­dad coer­ci­tiva, en el que se estaría en liber­tad de deter­mi­nar la propia vida cada un@ elija, a imagen de sus propias nece­si­dades, valores y deseos indi­vi­duales, sin permi­tir sin embargo que su campo de acción abarque la vida de otr@s que no lo hayan elegido así.

Un mundo no-auto­ri­ta­rio conl­le­varía liber­tad de asocia­ción, por lo tanto es incom­pa­tible con la monarquía, la oligarquía o la demo­cra­cia. Much@s de quienes se llaman a si mism@s “anarquis­tas”, aunque afir­man no negar la impor­tan­cia de la asocia­ción libre, luchan por una socie­dad más demo­crá­tica donde las enti­dades corpo­ra­ti­vas y esta­tales sean reem­pla­za­das por muni­ci­pa­li­dades contro­la­das por la comu­ni­dad, fede­ra­ciones indus­triales contro­la­das por l@s trabaja­dor@s, y así suce­si­va­mente. Quienes desean vivir libre­mente según su propia volun­tad tienen razones para sentirse amena­zad@s por todas las orga­ni­za­ciones a gran escala, porque son tanto impe­ria­lis­tas como jerárqui­cas, aunque preten­dan ser o deno­mi­narse “demo­crá­ti­cas” (como si la subor­di­na­ción del indi­vi­duo a la mayoría fuera algo deseable).

L@s human@s son sociables por natu­ra­leza – poc@s desean vivir sol@s como ermi­tañ@s (aunque la liber­tad de vivir como tal no se puede negar). Sin embargo, l@s human@s son también selec­ti­va­mente sociables – no simpa­ti­zan con todo el mundo, y sería una opre­sión espe­rar que fuera así. De forma natu­ral, la gente esta­blece rela­ciones con otr@s con l@s que se iden­ti­fi­can por compañía y apoyo mutuo. Tal ha sido el caso a lo largo de la histo­ria humana. Sólo en la histo­ria reciente la gente ha entrado en orga­ni­za­ciones de masas compues­tas por miem­bros que no nece­sa­ria­mente se cono­cen o gustan un@s a otr@s. Tales orga­ni­za­ciones no se han formado a causa de su nece­si­dad para la super­vi­ven­cia. Durante más del 99% de la histo­ria humana, la gente disfru­taba de asocia­ciones cara-a-cara dentro de acuer­dos de fami­lia exten­dida, y algu­nas cultu­ras continúan hacién­dolo. Aquell@s inca­paces de llevarse bien en su grupo o tribu son libres para buscar compañía en otra parte o para vivir sol@s. Este modo de asocia­ción funciona bien – l@s miem­br@s de socie­dades auto­su­fi­cientes en pequeña escala pasan habi­tual­mente de 2 a 4 horas al día ocupad@s en acti­vi­dades de subsis­ten­cia. Aunque ocasio­nal­mente pasen hambre, habi­tual­mente comen en abun­dan­cia, y disfru­tan de un tiempo de ocio mucho más amplio que aquell@s que viven en socie­dades de masas.   Las cultu­ras indí­ge­nas que aún perma­ne­cen intac­tas hoy en día prefie­ren su modo tradi­cio­nal de vida, y muchas están actual­mente prota­go­ni­zando una impre­sio­nante resis­ten­cia polí­tica contra las corpo­ra­ciones y gobier­nos que quie­ren forzar­las a formar parte de la socie­dad de masas para que su tierra y trabajo puedan ser explo­ta­dos. La gente rara­mente entra en orga­ni­za­ciones de masas sin ser forzada, ya que roban su auto­nomía e inde­pen­den­cia.

(NdT : Los Jarawa caza­dores – reco­lec­tores, Dicen que No Quie­ren Ser Parte De Nues­tro Mundo)

Los Jarawa cazadores recolectores

Los Jarawa están siendo forza­dos a inser­tarse en la civi­li­za­ción y son trata­dos como animales en un zooló­gico. Como los Hadza (-+100.000 años de exis­ten­cia) de África Orien­tal, los reco­lec­tores-caza­dores Jarawa de las Islas Anda­man también afron­tan la extin­ción, gracias a la natu­ra­leza, hoy más que nunca expan­siva, de la agri­cul­tura y la civi­li­za­ción. Deja­ron África hace 70,000 años atrás. Están entre los mas anti­guos pueblos del mundo. No son más de 400 indi­vi­duos. Hasta hoy, habían logrado abri­garse de la locura de nues­tro mundo, por por lo menos 35.000 años.”

El surgi­miento de la civi­li­za­ción se basó en la produc­ción masiva obli­ga­to­ria. Cuando cier­tas socie­dades comen­za­ron a valo­rar la produc­ti­vi­dad agrí­cola sobre todo lo demás, some­tie­ron forzo­sa­mente a todas las formas de vida dentro de la exten­sión de sus ciudades para ese propó­sito. Las comu­ni­dades de gente que desea­ban cazar, pescar, forrajear, culti­var huer­tos o pasto­rear en la tierra para propó­si­tos de subsis­ten­cia serían masa­crad@s despia­da­da­mente o escla­vi­zad@s, y los ecosis­te­mas que habi­ta­ban fueron conver­ti­dos en tier­ras de cultivo para alimen­tar a las ciudades. Sólo aquell@s que esta­ban dedi­cad@s por completo en el cultivo y en la produc­ción animal fueron permi­ti­dos en los campos circun­dantes. L@s que vivían dentro de las ciudades eran prisio­ner@s, merca­deres, u oficiales públi­cos ocupad@s en tareas admi­nis­tra­ti­vas y de control social. La orga­ni­za­ción social ha pasado a ser más compleja, avan­zada tecnoló­gi­ca­mente y amplia en su alcance a través de los siglos desde el inicio de la civi­li­za­ción en el “Creciente Fértil” (1) de Oriente próximo. Sin embargo, la vida no humana todavía es sacri­fi­cada y elimi­nada para el uso humano (y cada vez a una mayor velo­ci­dad), y l@s human@s todavía son forzad@s a vivir como los sirvientes de su cultura y sus insti­tu­ciones domi­nantes como un requi­sito para la exis­ten­cia. La super­vi­ven­cia por medios direc­tos está prohi­bida – para habi­tar una tierra, un@ debe pagar conti­nua­mente un alqui­ler o una hipo­teca, lo que requiere la dedi­ca­ción para alcan­zar una posi­ción econó­mica en la socie­dad, dejando insu­fi­ciente tiempo restante para la caza o el cultivo (y mucho menos tiempo de ocio para acom­pañarlo). La educa­ción pública contri­buye a garan­ti­zar que poca gente sea capaz de apren­der a sobre­vi­vir con inde­pen­den­cia de la economía.

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El capi­ta­lismo es la actual mani­fes­ta­ción domi­nante de la civi­li­za­ción. La economía bajo el capi­ta­lismo está en gran medida diri­gida por orga­ni­za­ciones que cuen­tan con la apro­ba­ción del estado llama­das corpo­ra­ciones, que poseen el mismo status legal que l@s indi­vi­duos, limi­tando y prote­giendo así la respon­sa­bi­li­dad de sus parti­ci­pantes. Las corpo­ra­ciones exis­ten con el propó­sito de bene­fi­ciar a l@s accio­nis­tas – l@s emplead@s por las corpo­ra­ciones son legal­mente reque­rid@s para perse­guir el bene­fi­cio por encima de todas las demás posibles preo­cu­pa­ciones (p. ej., la soste­ni­bi­li­dad ecoló­gica, la segu­ri­dad labo­ral, la salud de la comu­ni­dad, etc.), y pueden ser despe­did@s, deman­dad@s, o sancio­nad@s si hacen lo contra­rio. El capi­ta­lismo deja muy poco espa­cio para que la vida no-humana florezca de un modo no servil (esto es, en ecosis­te­mas salvajes, en lugar de en esta­blos, jaulas de batería o plan­tas made­re­ras), y casi ningún lugar para l@s indi­vi­du@s que no quie­ren gastar sus vidas trabajando sin parar para la inne­ce­sa­ria e inter­mi­nable produc­ción de mercancías. La mayoría de la gente pasa casi todo su tiempo ocupad@s en un trabajo sin sentido, monó­tono, regla­men­tado y a menudo dañino física y mental­mente, para pagar sus factu­ras, o a causa de una abso­luta nece­si­dad finan­ciera, o porque no saben que podría haber otro camino. Debido a la idio­ti­za­ción, alinea­ción e impo­ten­cia que tanta gente expe­ri­mente durante el curso de sus vidas coti­dia­nas, nues­tra cultura mues­tra unos altos índices de depre­sión, enfer­me­dad mental, suici­dio, adic­ción a las drogas, y rela­ciones disfun­cio­nales y basa­das en el abuso, junto con nume­ro­sos modos indi­rec­tos de exis­ten­cia (p. ej., tele­vi­sión, pelí­cu­las, porno­grafía, video-juegos, etc).

La Civi­li­za­ción fue el géne­sis del auto­ri­ta­rismo sisté­mico, la servi­dumbre obli­ga­to­ria y el aisla­miento social, no el capi­ta­lismo per se. En el contexto de esta pers­pec­tiva, l@s divers@s socia­lis­tas, comu­nis­tas, y el amplio surtido de anarco-izquier­dis­tas (sindi­ca­lis­tas, ecolo­gis­tas sociales, etc) que preten­den abolir el capi­ta­lismo sin atacar la civi­li­za­ción en su conjunto son simple­mente refor­mis­tas. La compleji­dad social que es la civi­li­za­ción se hace posible por la coer­ción insti­tu­cio­na­li­zada. Los grupos polí­ti­cos antes mencio­na­dos no desean acabar con la coer­ción, sino demo­cra­ti­zarla – esto es, exten­der la parti­ci­pa­ción popu­lar a su apli­ca­ción.

Aparte de lo repul­sivo de animar a la gente a parti­ci­par en actos opre­si­vos, hay que seña­lar que la demo­cra­cia directa es un ficción dentro del contexto de la socie­dad de masas. En una asocia­ción que se expande a una escala mayor de la que es posible para las rela­ciones cara a cara de sus parti­ci­pantes, la dele­ga­ción de respon­sa­bi­li­dades en repre­sen­tantes y espe­cia­lis­tas se convierte en nece­sa­ria para que se lleven a cabo los fines de la asocia­ción. Incluso si el consenso o el voto de la mayoría deter­mina a quien se elige para parti­ci­par en la toma de deci­siones o las respon­sa­bi­li­dades admi­nis­tra­ti­vas, l@s elegid@s nunca están por completo bajo el control del elec­to­rado cuando actúan cumpliendo con sus deberes. Un mandato estricto sobre las deci­siones o el compor­ta­miento de l@s dele­gad@s o espe­cia­lis­tas implica la super­vi­sión constante por el conjunto del grupo, lo que frus­traría el propó­sito de una divi­sión del trabajo. El poder volver a llamar de forma inme­diata a est@s dele­gad@s también depende de la posi­bi­li­dad de tal control. Adicio­nal­mente, l@s dele­gad@s elegid@s reci­ben más tiempo y recur­sos para prepa­rar y presen­tar sus visiones y argu­men­tos que una persona corriente, que les propor­cio­nan por lo tanto una gran ventaja para ser capaces de salirse con la suya por medio de la mani­pu­la­ción propa­gandís­tica y el engaño. Incluso si el grupo en su conjunto deter­mina todas las polí­ti­cas y gestiones (lo cual es de por si impo­sible cuando se requiere cono­ci­miento espe­cia­li­zado), y a l@s dele­gad@s solo se les asignan los deberes de hacer­las cumplir, todavía podrán actuar según su propia volun­tad cuando no estén de acuerdo con las normas y estén segur@s de poder esca­par al castigo por igno­rar­las. La demo­cra­cia es nece­sa­ria­mente repre­sen­ta­tiva, no directa, cuando se prac­tica a gran escala – y la demo­cra­cia repre­sen­ta­tiva es preci­sa­mente el tipo de sistema polí­tico prac­ti­cado actual­mente. La aboli­ción de la jerarquía requiere el destro­na­miento perma­nente de gober­nant@s y jefes, ya sean elegid@s o no, y por lo tanto también requiere que se rechace la socie­dad de masas.

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Dado que las orga­ni­za­ciones de masas valo­ran la produc­ción más que la auto­nomía perso­nal o comu­ni­ta­ria, son nece­sa­ria­mente impe­ria­lis­tas en su alcance, destruyendo o escla­vi­zando toda la vida que se encuentre en su camino. Sin embargo, la produc­ción no es un valor irre­le­vante u opcio­nal del que la socie­dad de masas pueda pres­cin­dir mien­tras continúa exis­tiendo. Si las ciudades no son auto-sufi­cientes en la produc­ción de su propia comida, se apode­rarán de las áreas circun­dantes para uso agrí­cola, volvién­do­las inhós­pi­tas tanto para los ecosis­te­mas no-huma­nos como para las comu­ni­dades huma­nas auto-sufi­cientes. Este área se expan­dirá en rela­ción a cualquier incre­mento de la pobla­ción o la espe­cia­li­za­ción del trabajo que expe­ri­mente la ciudad. Se podría argu­men­tar que la produc­ción indus­trial se podría mante­ner, mien­tras que al mismo tiempo se la haga dismi­nuir consi­de­ra­ble­mente, dejando a los ecosis­te­mas y a los pueblos no-indus­triales algún espa­cio para coexis­tir. En primer lugar, esta propuesta invita a pregun­tarse porqué la civi­li­za­ción indus­trial debería tener prio­ri­dad sobre las otras formas de vida, permi­tién­dose dicta­mi­nar a quienes no parti­ci­pan en ella a cuanto espa­cio exac­ta­mente tienen dere­cho. Es también cues­tio­nable si es incluso posible para una socie­dad alcan­zar un “equi­li­brio” entre la opulen­cia de la alta tecno­logía y la soste­ni­bi­li­dad ecoló­gica sin privar del dere­cho a parti­ci­par en la toma de deci­siones a grandes sectores de la pobla­ción activa o empleando un detal­lado esquema de plani­fi­ca­ción social auto­ri­ta­rio.

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La compleji­dad estruc­tu­ral y la jerarquía de la civi­li­za­ción deben ser recha­za­das, junto con el impe­ria­lismo polí­tico y ecoló­gico que propaga a través del planeta. No es posible para l@s seis billones de habi­tantes actuales del planeta sobre­vi­vir como caza­dor@s-reco­lec­tor@s, pero es posible para aquell@s que pueden culti­var su propia comida en espa­cios sensi­ble­mente más pequeños (compa­ra­dos con el tamaño de los agota­dos y enve­ne­na­dos campos de las agro-indus­trias de hoy), como se ha demo­strado por la perma­cul­tura, la jardi­nería orgá­nica, y las técni­cas de horti­cul­tura indí­ge­nas. Se requie­ren apara­tos de gestión e insti­tu­ciones de control social para admi­nis­trar la produc­ción e inter­cam­bio de mercancías dentro de una economía basada en la divi­sión del trabajo, pero no son nece­sa­rios cuando los indi­vi­duos y pequeñas comu­ni­dades toman el control de sus propios medios de vida. El rol de la jerarquía y la regla­men­ta­ción solo desa­pa­re­cerá cuando la gente comience de nuevo a encar­garse de sus nece­si­dades direc­ta­mente mediante una rela­ción inme­diata con la tierra. El entorno vivo sólo se preser­vará y resti­tuirá a su vibrante estado natu­ral una vez que se desman­te­len los instru­men­tos de la produc­ción masiva. La anarquía y la auto­nomía sólo se desar­rol­larán una vez que la gente aprenda de nuevo a sobre­vi­vir inde­pen­dien­te­mente del cáncer que es la civi­li­za­ción indus­trial, y final­mente lo destruyan.

Chris Wilson

 

  • (1) Término popu­la­ri­zado por el orien­ta­lista nortea­me­ri­cano James Henry Breas­ted (1865–1935) que hace refe­ren­cia al área de Oriente Medio de donde son origi­na­rias las civi­li­za­ciones de esa zona y de la Cuenca Medi­terrá­nea [n.d.t.]

 


 

Este escrito fue tradu­cido y publi­cado por el portal ecoto­pia.

 

Edición; Santiago Perales.

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