Antes de la agricultura : pocas caries y mandíbulas perfectamente adaptadas a los dientes (Smithsonian Mag & BBC)

El siguiente texto asocia las traducciones de un artículo inicialmente publicado (en ingles) el 6 de febrero del 2015 en el sitio del Smithsonian Magazine, de la Smithsonian Insitution, y extractos de otro publicado el 29 de febrero del 2016, en el sitio de la BBC.

La emergencia de las practicas agrícolas iniciaron cambios importantes en las mandíbulas de los antiguos humanos, conduciendo a problemas dentales que todavía experimentamos hoy. Nuestras bocas a menudo no tienen el espacio para hospedar a nuestros dientes – al amontonamiento dental, se informa que es la causa más común de los tratamientos de ortodoncia, que aunado con las maloclusiones (mal alineamiento de los diente), afectan a una de cada cinco personas.
Nuestros ancestros lejanos no sufrían de estos problemas. Al contrario, como lo ha demostrado un nuevo estudio, hasta hace 12.000 años, los humanos beneficiabas de lo que uno de los autores del estudio llama “una ‘perfecta armonía’ entre sus mandíbulas inferiores y sus dientes.”
El gran cambio, explican los científico, proviene de la transición civilizadora de cazadores-recolectores a agricultores. El estudio,  publicado esta semana en PLOS One, analizaba “las dimensiones de las mandíbulas inferiores y de las coronas dentales de 292 esqueletos arqueológicos del Levante Mediterráneo, Anatolia y Europa, que databan de entre hace 28.000-6.000 años”, reporta la University College Dublin, donde el principal autor del estudio, Ron Pinhasi, es profesor de arqueología.
Pinhasi sus colegas descubrieron una significativa diferencia en la estructura de la mandíbula que coincide con la emergencia de la agricultura. Como lo explica en una publicacion:

“Nuestro análisis muestra que las mandíbulas de los primeros agricultores del Levante Mediterráneo no son sólo más pequeñas que las de los predecesores cazadores-recolectores, sino que también experimentaron una serie compleja de cambios en la forma a medida de la transición hacia la agricultura”.

Tales cambios están probablemente relacionados con el régimen alimenticio,  como sugieren anteriores estudios. Los cazadores-recolectores necesitaban de una mandíbula grande y fuerte para masticar vegetales crudos y carne que por lo general componían su menú. Los primeros agricultores, tenían un dieta suave, el consumo de alimentos cocidos tales como frijoles y cereales, no les demandaba una mandíbula tan potente. Con el paso del tiempo, mientras que las mandíbulas devenían más pequeñas en respuesta a estos cambios dietéticos, los dientes permanecieron inalterados, y no cambiaron de talla. Esto condujo directamente a los problemas dentales tan comunes de la actualidad. Portamos mandíbulas modernas pero un numero de dientes potencialmente obsoleto.

Observemos los dientes de la mayoría de los fósiles de los primeros humanos y encontraremos raramente caries. Extrañamente [o no, sic], durante los millones de años de la prehistoria humana nuestros ancestros beneficiaban generalmente de buena salud oral – aún cuando su asistencia dental no iba más allá del empleo de simples palillos.

De hecho, los dientes putrefactos se volvieron un problema común sólo muy recientemente – hace más o menos 10.000 años – al inicio del Neolítico, cuando nuestros antepasados comenzaron a cultivar la tierra. Una odontología relativamente sofisticada emergió poco tiempo después.

La caries dental no está completamente ausente en las sociedades pre-agricolas, pero es muy rara. “La frecuencia de caries entre los cazadores-recolectores era aproximadamente del 1-5%, y de aproximadamente 6-8% entre las poblaciones con estrategias de subsistencia mixtas”, explica Alejandra Ortiz  en la New York University. “Esto contrasta con las poblaciones agrícolas, que presentan frecuencias de caries dental que van del 10% hasta el 80-85%.”

El paso a la agricultura no sólo causó cambios en nuestras mandíbulas. Dos otros estudios publicados el año pasado señalan que la emergencia de la agricultura ha probablemente precipitado a otros cambios en los humanos, causando huesos mas ligeros, menos densos, particularmente a nivel de las articulaciones. Tales desarrollos parecen estar relacionados con la dieta y la actividad física, especialmente al estilo de vida más sedentario, posibilitado gracias a la agricultura y la domesticación animal.

Algunos afirman (non sin controversia) que el cambio civilizador hacia la agricultura está al origen de muchos males sociales. Ese es otro tema, pero de algo podemos estar seguros: los odontólogos probablemente no estarían donde están hoy si nuestros ancestros no hubieran fatídicamente adoptado la cultivación de la tierra. Lo mismo es cierto para cada uno de nosotros.


 Traducción; Santiago Perales

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