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Izquierdismo: ¿Cuál es el Problema? (Por ISUMATAG)

Obra de "Blu" (artista)
Publicación original de Ediciones ISUMATAG. En este texto, compuesto de tres partes, se exponen de forma concisa el significado de "izquierdismo", los actitudes psicologicas que nos hacen tender al izquierdismo y su repercusión en el mantenimiento y mejoramiento del statu quo de la civilización tecno-industrial y la consecuente disminución del mundo natural.

Izquier­dismo: ¿Cuál es el Problema? (1ª parte)

Aunque el término “Izquierda” se usa hoy día con mucha frecuen­cia en las discu­siones sobre polí­tica, el término “Izquier­dismo” apenas se utiliza. Con frecuen­cia se usan los dos térmi­nos sin saber clara­mente a lo que se refie­ren. Así, en muchas ocasiones se puede plan­tear la duda de si tal orga­ni­za­ción o tal persona son de izquier­das. Además de la ambigüe­dad en el uso de los térmi­nos, ocurre que según los crite­rios que se usen alguien podrá ser de izquier­das unas veces y otras no. Y para añadir más jaleo al asunto hay gente de izquier­das que dicen que no son de izquier­das.

Por otro lado, en una socie­dad de masas las cues­tiones polí­ti­cas se tienen que tratar a un nivel lo sufi­cien­te­mente simple como para que pueda ser compren­dida por toda la pobla­ción (o su mayoría). Esto implica que los asun­tos complejos son simpli­fi­ca­dos hasta el punto que los repre­sen­tantes polí­ti­cos pare­cen simples mani­pu­la­dores en busca del bene­fi­cio de su bando. Por eso, en estas condi­ciones, un análi­sis crítico que afecte más a un bando siempre será malin­ter­pre­tado por alguna de las partes para usarlo a su favor en el juego Dere­cha-Izquierda, aunque esa no sea su inten­ción. Anali­zar el izquier­dismo no implica defen­der a la Dere­cha polí­tica, a pesar de que algu­nos lo vean así. El enfoque de este artí­culo no seguirá en esa línea puesto que está en unas coor­de­na­das total­mente distin­tas y aleja­das de las pers­pec­ti­vas dicotó­mi­cas de la polí­tica conven­cio­nal.

Este artí­culo se centrará más en los concep­tos que en los térmi­nos lingüís­ti­cos emplea­dos para desi­gnar­los. Es una cues­tión de no perder el tiempo ni hacér­selo perder al lector.

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Ser de Izquier­das y ser Izquier­dista

Para empe­zar, conviene acla­rar lo que estos concep­tos signi­fi­can en este artí­culo y quedarse con la idea de lo que se quiere decir antes que con el término o la etiqueta que se le pone a cada concepto. Así pues, ¿qué es ser de izquier­das? Breve­mente se podría decir que es creer que la socie­dad debe orga­ni­zarse para cuidar de todas las perso­nas por igual, asegu­rar­las un mínimo bienes­tar y garan­ti­zar­las que algu­nas de sus nece­si­dades estén satis­fe­chas. Por tanto, los ideales que asume por lo gene­ral una persona de izquier­das son la igual­dad, la soli­da­ri­dad más allá de los alle­ga­dos y la feli­ci­dad. Claro, estos ideales pueden ser enten­di­dos de muy diver­sas mane­ras: depen­diendo de a quiénes se quie­ran apli­car, es decir, la escala a la que se desean implan­tar (regio­nal, nacio­nal, mundial, univer­sal), se obtiene una corriente de izquier­das u otra. Y lo mismo para las distin­tas inter­pre­ta­ciones de “igual­dad” o “feli­ci­dad”. La Izquierda se carac­te­riza por una amplia plura­li­dad de corrientes. Quizá incluso pueda darse el caso de que algu­nas corrientes estén enfren­ta­das irre­me­dia­ble­mente (o eso aparen­tan algu­nas veces). Antes se mencionó que había gente de izquier­das que negaba perte­ne­cer a la Izquierda, ejem­plo de ello son la gran mayoría de los anarquis­tas: tienen valores de izquier­das, pero asegu­ran no perte­ne­cer a ella.

Por otro lado, ¿qué es ser izquier­dista? Ser izquier­dista no se va a usar como sinó­nimo completo de ser de izquier­das. La razón es la siguiente: resulta de gran interés distin­guir entre los ideales y las acti­tudes psicoló­gi­cas (y el compor­ta­miento que ellas indu­cen) porque nos seña­lan matices impor­tantes que no deberían pasar desa­per­ci­bi­dos. Si bien no existe un rasgo psicoló­gico defi­ni­to­rio de una persona izquier­dista, sí exis­ten una serie de rasgos psicoló­gi­cos que se dan con una frecuen­cia noto­ria entre las perso­nas izquier­dis­tas, de modo que pueden ser indi­ca­dores bastante fiables. No puede haber una fiabi­li­dad total debido a que el compor­ta­miento humano es muy versá­til y puede estar causado por dife­rentes moti­vos. Por ejem­plo, mien­tras que en una persona uno de esos rasgos la condu­cen a ser izquier­dista, otra puede serlo simple­mente por imita­ción de sus amigos (“como lo hacen los demás…”).

Consi­derán­dolo como una cate­goría tipo, el izquier­dista se carac­te­riza por tener unas acti­tudes psicoló­gi­cas concre­tas. Si uso izquier­dista, que comparte raíz semán­tica con Izquierda, es porque la mayoría de la gente de izquier­das presenta también esas acti­tudes, aunque no sean comunes a todos. Es decir, ser de izquier­das y ser izquier­dista son carac­terís­ti­cas que vienen asocia­das muy a menudo. Respecto a la defi­ni­ción de izquier­dista en la que cuenta la acti­tud psicoló­gica, hay dos enfoques a consi­de­rar. Uno, cómo desar­rolla su vida una persona y dos, cómo la socie­dad influye sobre ella.

En la actua­li­dad, las perso­nas que viven en la socie­dad tecnoin­dus­trial están enfren­ta­das al hecho de la ausen­cia de metas signi­fi­ca­ti­vas en sus vidas. Cuando se oye hablar tanto de sensa­ción de vacío, de males­tar psicoló­gico, de depre­siones y otros proble­mas psicoló­gi­cos, resulta inevi­table pregun­tarse qué está ocur­riendo. Hay que tener presente que esta socie­dad ha permi­tido a las perso­nas reali­zar multi­tud de acti­vi­dades que nunca antes los seres huma­nos habían reali­zado. Y aun así, hay perso­nas que se sien­ten vacías en sus vidas o algo menos que inútiles. Muy posi­ble­mente la clave se encuentre en el modo en que esta socie­dad obliga a vivir a la gente, entro­me­tién­dose en aspec­tos impor­tantes de la vida humana. Los seres huma­nos, por natu­ra­leza, buscan alcan­zar algu­nos obje­ti­vos vitales empleando cierta canti­dad de esfuerzo y, en mayor o menor grado, a su manera; es decir, con auto­nomía. Inten­tar alcan­zar esa clase de obje­ti­vos (obje­ti­vos que son impor­tantes para su exis­ten­cia como conse­guir alimento, un lugar donde vivir o un compañero sexual) esforzán­dose y sintién­dose partí­cipe de cómo se alcan­zan, le da aliciente a la vida; de hecho, para muchos es la salsa de la vida. Pero ocurre que en esta socie­dad o bien los obje­ti­vos vitales signi­fi­ca­ti­vos están asegu­ra­dos con un esfuerzo mínimo o bien se alcan­zan siguiendo un proceso exce­si­va­mente pautado por regla­men­ta­ciones y normas de todo tipo. (En algu­nos casos, algu­nos de esos obje­ti­vos son direc­ta­mente inal­can­zables). El lector tendrá que discul­par la gene­ra­li­za­ción, segu­ra­mente no todo el mundo viva de esa manera, pero sí es cierto que la mayoría en esta socie­dad sí lo hace. Así es como una persona corriente se ve obli­gada a llevar su vida: de un modo insa­tis­fac­to­rio respecto al proceso descrito antes, deno­mi­nado por algu­nos “proceso de poder” o “proceso de auto­nomía”. Ante esta insa­tis­fac­ción, se buscan todo tipo de acti­vi­dades que entre­ten­gan, que den sentido a la vida, que produz­can lo que esta vida se niega a darles. Así, la gente es capaz de cualquier cosa con tal de huir del abur­ri­miento, del tedio; bueno, en gene­ral, es capaz de hacer cualquier cosa con tal de obte­ner algo signi­fi­ca­tivo en su vida aunque no acaban de saber lo que buscan.

El segundo enfoque trata sobre el modo en el que la socie­dad influye y condi­ciona a las perso­nas. Desde hace tiempo, la socie­dad viene incre­men­tando su capa­ci­dad para influir en los indi­vi­duos. Diver­sas insti­tu­ciones tienen como come­tido conse­guir que la gente se comporte de un modo deter­mi­nado para que parti­cipe de modo óptimo en el funcio­na­miento de la socie­dad tecnoin­dus­trial. Es decir, se encar­gan de socia­li­zar a los indi­vi­duos para que puedan reali­zar lo mejor posible las tareas que la socie­dad, como sistema, “nece­sita” que se reali­cen. Estas insti­tu­ciones han alcan­zado un gran control sobre lo que la gente puede llegar a pensar y a hacer. En algu­nos casos, las perso­nas llegan a asimi­lar en lo más profundo de su ser lo que la socie­dad les ha “enseñado”. Los valores de la socie­dad quedan así bien incul­ca­dos en el proceso de socia­li­za­ción.

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Marcha por el cambio climá­tico orga­ni­zada y encua­drada por orga­ni­za­ciones guber­na­men­tales, corpo­ra­ti­vas, ONG etc. Mismas que defien­den el mante­ni­miento (o no cues­tio­na­miento del estilo de vida) de la civi­li­za­ción indus­trial…(Leer de JAIME SEMPRUN y RENE RIESEL “CATASTROFISMO: ADMINISTRACIÓN DEL DESASTE Y SUMISIÓN SOSTENIBLE” (Ency­clo­pé­die des Nuisances, 2008).

Pues bien, teniendo en cuenta todo esto, llega­mos al hecho de que una persona izquier­dista puede ser carac­te­ri­zada por un alto grado de socia­li­za­ción, es decir, ha asumido honda­mente los valores de la socie­dad (igual­dad, soli­da­ri­dad a gran escala, etc.). Y dado que su vida sería insa­tis­fac­to­ria respecto al proceso de poder, es decir, no tendría unos obje­ti­vos signi­fi­ca­ti­vos por los que esfor­zarse de una manera que pueda consi­de­rar suya, esa persona utili­zaría la polí­tica como campo en el que buscar algo que apague su insa­tis­fac­ción. El resul­tado, por lo común, suele ser que utiliza los valores de la socie­dad para criti­car a la misma socie­dad. Esto signi­fica criti­car a la socie­dad por su mal funcio­na­miento, signi­fica buscar las contra­dic­ciones que la socie­dad tiene entre sus valores decla­ra­dos y su funcio­na­miento, signi­fica llevar una lucha polí­tica que, en el fondo, trata de mejo­rar el funcio­na­miento de la socie­dad.

Final­mente, bajo estos enfoques, el izquier­dismo sería a la Izquierda lo que izquier­dista es a ser de izquier­das. No serían total­mente lo mismo, pero casi. El izquier­dismo no sólo es ideo­logía (un sistema de ideas de izquier­das en su mayoría) sino que se carac­te­riza también por unas acti­tudes psicoló­gi­cas que le incli­nan hacia esas ideas. Desde hace déca­das, la tenden­cia del izquier­dismo es a ser el compo­nente social más prepon­de­rante, en cuanto a ideo­logía y en cuanto a acti­vi­dades. Se podrá decir que la Dere­cha todavía tiene mucha fuerza y rele­van­cia social, pero, como ha apun­tado algún obser­va­dor, desde hace tiempo la dere­cha está “jugando” al juego cuyas reglas las marca el izquier­dismo. Los temas de la agenda polí­tica actual son en su mayoría temas que fija la Izquierda. La Dere­cha está a la defen­siva e, ideoló­gi­ca­mente al menos, reza­gada. Algu­nos ejem­plos de esos temas son el matri­mo­nio entre homo­sexuales, el aborto, los servi­cios sociales, la igual­dad de géne­ros, etc. La rapi­dez con la que se ha produ­cido este cambio es una mues­tra más de los cambios verti­gi­no­sos que se están dando en la socie­dad tecnoin­dus­trial (creci­miento pobla­cio­nal, concen­tra­ción en grandes núcleos de pobla­ción, desar­rollo de todo tipo de infrae­struc­tu­ras y tecno­logías, inten­tos cada vez más nume­ro­sos de gestión de la natu­ra­leza, etc.). Unos cambios que parece que no se deten­drán en las próxi­mas déca­das y que amena­zan la liber­tad humana y la natu­ra­leza salvaje de una manera nunca antes cono­cida.

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A esta defi­ni­ción de izquier­dista se le podría obje­tar que no es posible meterse dentro de la cabeza de la gente, saber lo que piensa y lo que la guía. Desde luego es un tema difí­cil, con bastantes difi­cul­tades empí­ri­cas. Pero, después de haber obser­vado durante años al izquier­dismo, incluso haber parti­ci­pado en él, sí que me atrevo a descri­bir la psico­logía que se encuen­tra detrás de patrones de conducta recur­rentes, que se han dado en dife­rentes lugares y momen­tos en las últi­mas déca­das. Existe un vínculo entre psico­logía izquier­dista e ideo­logía de izquier­das, de ahí que en dife­rentes lugares y momen­tos donde apare­cen unas acti­tudes psicoló­gi­cas deter­mi­na­das se suelan dar unas acti­vi­dades polí­ti­cas concre­tas. Con todos los matices que se quiera, pero existe una corre­la­ción entre un fenó­meno y otro. No reco­no­cerla segu­ra­mente signi­fique igno­rar uno de los más carac­terís­ti­cos proble­mas de la socie­dad tecnoin­dus­trial. Desco­nozco si el problema tiene solu­ción (tampoco digo que sea un problema prio­ri­ta­rio) pero, si ni siquiera se reco­noce, difí­cil­mente se podrá solu­cio­nar y, peor aún, seguirá entor­pe­ciendo la reso­lu­ción de los proble­mas verda­de­ra­mente impor­tantes.

Primer problema: los fines polí­ti­cos acaban por refor­zar el desar­rollo de la socie­dad

El ideal de una socie­dad igua­li­ta­ria y soli­da­ria en la que todo el mundo tuviese la posi­bi­li­dad de ser feliz, inspira al izquier­dismo. Pero estos ideales, estos fines polí­ti­cos cumplen, incons­cien­te­mente o no, un papel en el presente. Y no es preci­sa­mente acer­carse a ese futuro “idílico”. De hecho, la socie­dad tecnoin­dus­trial es una herra­mienta muy eficaz para consi­de­rar y probar esos fines izquier­dis­tas. Fijé­mo­nos bien que valores como la igual­dad y la soli­da­ri­dad a gran escala lo que hacen es opti­mi­zar el funcio­na­miento de esta socie­dad. Evitando que las perso­nas sean discri­mi­na­das por su sexo, su raza, su etnia, su nacio­na­li­dad, etc., se consigue dispo­ner de la poten­cia­li­dad de perso­nas váli­das para desar­rol­lar las tareas nece­sa­rias dentro de la socie­dad actual. Si exis­tiera alguna de esas discri­mi­na­ciones o prejui­cios, ese poten­cial se perdería, se desa­pro­ve­charía. Lo mismo ocurre con la soli­da­ri­dad. El izquier­dismo poten­cia una soli­da­ri­dad exten­siva en contra muchas veces de la soli­da­ri­dad natu­ral que se da entre los seres huma­nos, aquella diri­gida hacia fami­liares y alle­ga­dos. El nepo­tismo (favo­re­cer a los parientes) ahora se consi­dera más un problema que algo posi­tivo o normal, dado que es un trato discri­mi­na­to­rio, contra­rio a crite­rios de eficien­cia o mérito que deberían predo­mi­nar en un sistema social en funcio­na­miento óptimo. Se nece­sita que la soli­da­ri­dad vaya más allá de los grupos pequeños y se extienda a toda la socie­dad para que la coope­ra­ción entre las distin­tas partes de la socie­dad funcione mejor. En una socie­dad muy espe­cia­li­zada como ésta, unos depen­den de otros para vivir, si no coope­ra­sen sería una catás­trofe. Por eso, alen­tarles a coope­rar puede mejo­rar el funcio­na­miento de la socie­dad.

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Como se viene diciendo en esta revista, el desar­rollo y el funcio­na­miento de la socie­dad tecnoin­dus­trial supo­nen el impe­di­mento de la liber­tad humana y de la auto­nomía de lo salvaje. Así que el izquier­dismo, bajo su aparien­cia de bienin­ten­cio­nado, lo que provoca es un empeo­ra­miento de la situa­ción cuando persigue esos fines polí­ti­cos. Segu­ra­mente, agrave los proble­mas psicoló­gi­cos que ya tiene la gente cuando consiga asegu­rar a todo el mundo un bienes­tar o una feli­ci­dad básica. Como ya se dijo antes, las perso­nas lo que nece­si­tan es hacer cosas impor­tantes para su vida por sí mismas, expe­ri­men­tar su propia valía en las acti­vi­dades signi­fi­ca­ti­vas de la vida. Y segu­ra­mente también, la solu­ción a esos proble­mas psicoló­gi­cos se busque en nuevos desar­rol­los tecnoló­gi­cos, como nuevos medi­ca­men­tos o nuevas tecno­logías médi­cas que “solu­cio­nen” los proble­mas, es decir, termi­nen sola­mente con sus sínto­mas o los enmas­ca­ren.

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Aldous huxley, “un mundo feliz” (1932)

 

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Izquier­dismo: ¿Cuál es el Problema? (2ª parte)

 

Segundo problema: los fines perso­nales marcan la pauta

El izquier­dismo también se mantiene y desar­rolla cuando las perso­nas inten­tan solu­cio­nar sus proble­mas indi­vi­duales mediante la acti­vi­dad polí­tica. Detrás de una fachada de altruismo, gene­ro­si­dad y buena inten­ción, encon­tra­mos que muchas perso­nas se meten en acti­vi­dades polí­ti­cas porque no han podido expe­ri­men­tar el “proceso de poder” de un modo adecuado. Cuando esto ocurre, hay quienes encuen­tran satis­fac­ción orga­ni­zando acti­vi­dades entre­te­ni­das o quienes encuen­tran satis­fac­ción en acumu­lar poder o reco­no­ci­miento. Esas acti­vi­dades no nece­sa­ria­mente son eficaces respecto a los fines polí­ti­cos decla­ra­dos, pero entre­tie­nen; de ahí la proli­fe­ra­ción de actos más propios de la anima­ción socio­cul­tu­ral en las últi­mas déca­das. Es cierto que crean adhe­sión y refuer­zan el sentido de perte­nen­cia a la corriente izquier­dista de turno; sin embargo, son poco más que acti­vi­dades susti­tu­to­rias.

No es difí­cil encon­trar en las orga­ni­za­ciones e insti­tu­ciones izquier­dis­tas prue­bas y compor­ta­mien­tos que desmien­ten una y otra vez sus anhe­la­dos fines polí­ti­cos. No se trata sola­mente de que esos fines polí­ti­cos puedan mejo­rar el sistema social actual, sino que, en muchas ocasiones, son irrea­li­zables para los seres huma­nos. Al menos, para los seres huma­nos tal y como los cono­ce­mos hoy día. Si los Homo sapiens de hoy fuesen modi­fi­ca­dos en su natu­ra­leza gracias a los avances tecnoló­gi­cos, el cantar podría ser otro. El coste de avances simi­lares ya los está sintiendo todo el planeta en la actua­li­dad. En su empeño por alcan­zar esos fines, no importa que la gente se tenga que adap­tar a situa­ciones y modos de vida cada vez más arti­fi­ciales. Esto no se puede consi­de­rar como algo posi­tivo ni siquiera para los propios huma­nos. El aleja­miento de la natu­ra­leza salvaje, interna y externa a los indi­vi­duos, no sale gratis. El fracaso a la hora de expe­ri­men­tar el “proceso de poder” es una prueba de ello.

Resu­miendo, aunque muchos izquier­dis­tas persi­guen en el fondo fines perso­nales (en el sentido de fines psicoló­gi­cos propios) en sus acti­vi­dades polí­ti­cas, hacién­dolo contri­buyen a la búsqueda de unos fines polí­ti­cos bastante peli­gro­sos para la misma natu­ra­leza humana. Dada su impli­ca­ción perso­nal en el asunto, muchas veces ellos no pueden ni siquiera plan­tearse el tema en una discu­sión racio­nal, con lo que se cierra un posible camino para limi­tar el problema del izquier­dismo.

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Tercer problema: Iden­ti­fi­ca­ción con la rebeldía

Existe otro problema al que conviene pres­tar aten­ción. El izquier­dismo, por su propio carác­ter sobre­so­cia­li­zado, critica abun­dan­te­mente la socie­dad hasta el punto de acapa­rar toda la crítica, de acoger en su seno cualquier argu­mento que le sirva a la hora de quejarse de lo mal que va la socie­dad. No suele tener mucha impor­tan­cia si esa crítica es cohe­rente y compa­tible en todas sus partes, lo impor­tante es quejarse; el motivo concreto no parece ser muy rele­vante. De ahí, el énfa­sis que se da a la tole­ran­cia de opiniones y a la plura­li­dad de posi­cio­na­mien­tos (siempre que sean “críti­cos”, un eufe­mismo que cada corriente inter­preta de una manera). Con esto no se quiere decir que dicha tole­ran­cia exista y no se den dogma­tis­mos, sola­mente se está seña­lando un meca­nismo por el que el izquier­dismo tiende a absor­ber aquel­las postu­ras contra­rias a algu­nos rasgos de la socie­dad en la que vivi­mos.

De este modo, cuando las perso­nas ven, reflexio­nan o sien­ten que esta socie­dad tiene un carác­ter intrín­se­ca­mente malo, el único ‘sitio’ al que pueden acudir y, de hecho, acuden es al izquier­dismo. Y el izquier­dismo lo que hace es anular de diver­sas mane­ras esas ganas de dese­char esta socie­dad, cana­lizán­do­las en acti­vi­dades polí­ti­cas inútiles o trans­formán­do­las en una corriente de mejora de esa misma socie­dad. La parte “radi­cal”, “alter­na­tiva” o “revo­lu­cio­na­ria” del izquier­dismo no es una excep­ción a esto, sino un ejem­plo. Esta parte se compone de distin­tas corrientes, pero siempre presen­tan la carac­te­ri­za­ción y los valores izquier­dis­tas mencio­na­dos al prin­ci­pio de este artí­culo. En España, tene­mos a la vista distin­tos movi­mien­tos u orga­ni­za­ciones nacio­na­lis­tas inde­pen­den­tis­tas revo­lu­cio­na­rias, anti­ca­pi­ta­lis­tas, sindi­ca­tos revo­lu­cio­na­rios, orga­ni­za­ciones anima­lis­tas, ecolo­gis­tas, anti­au­to­ri­ta­rias, antiin­dus­triales, femi­nis­tas radi­cales, y un largo etcé­tera. El lector, si se molesta, podrá obser­var en ellos los proble­mas que aquí se indi­can.

Esta parte “revo­lu­cio­na­ria” del izquier­dismo está muy lastrada por su tradi­ción de “lucha contra la socie­dad”. Las temá­ti­cas de su discurso suelen ser reduc­cio­nis­tas, centrán­dose en aspec­tos concre­tos de la socie­dad dándoles una impor­tan­cia que no tienen en la reali­dad, menos­pre­ciando y olvi­dando otros bastante más impor­tantes. Si buscá­ra­mos el ejem­plo más clásico de un discurso de este tipo, el de la llamada lucha de clases encajaría a la perfec­ción en nues­tra búsqueda. Esa tradi­ción de lucha refleja también compo­nentes irra­cio­nales del izquier­dismo, que limi­tan la crítica interna. El rela­ti­vismo y sus dogmas, el culto a la perso­na­li­dad, a las orga­ni­za­ciones, al pres­ti­gio de cier­tos mili­tantes, a las auto­ri­dades inte­lec­tuales, etcé­tera, se utili­zan muy bien para los fines perso­nales de los que hablé en el punto ante­rior. Y es que la “revo­lu­ción” del izquier­dismo no se puede consi­de­rar loable, ni mucho menos algo deseable. Su función real en esta socie­dad es la de ser un agujero negro donde se anulan las ganas de muchas perso­nas de rebe­larse verda­de­ra­mente contra esta socie­dad.

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El sistema tecno-indus­trial actual.

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Izquier­dismo: ¿Cuál es el Problema? (3ª parte)

 

Más difi­cul­tades

Exis­ten, además, otras difi­cul­tades rela­cio­na­das con el izquier­dismo. No obstante, parece que el primer problema es reco­no­cer que el izquier­dismo supone en sí mismo un problema. No esta­mos habi­tua­dos a pensar eso de alguien que pretende solu­cio­nar proble­mas. Pero es así, una persona que trata de solu­cio­nar un problema puede ser en sí misma un problema. Cuando se comprueba repe­ti­das veces que lo que esa persona hace o bien empeora la situa­ción o bien es total­mente inútil, es hora de anali­zar si esa persona es la adecuada para resol­ver dicho asunto.

A modo de capa de Photo­shop o de velo semi­translú­cido, la reali­dad del izquier­dismo queda sutil­mente oculta tras las aparien­cias. Sus “loables y nobles” inten­ciones convi­ven con lo que está en un segundo o tercer plano, el refuerzo del desar­rollo de la socie­dad que más ha amena­zado la liber­tad y la natu­ra­leza en la histo­ria. Mi inten­ción no es justi­fi­car el estado actual de las cosas y su desar­rollo, por eso la razón de este escrito.

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Conviene mati­zar además que quizá los proble­mas que se preten­den solu­cio­nar o bien no son tan impor­tantes como se dice o bien no son un problema en abso­luto o bien son irre­so­lubles en el contexto de socie­dad y mundo en el que vivi­mos. La impor­tan­cia de muchos proble­mas sociales, ¿qué es compa­rada con la crisis que amenaza a todo el planeta? Las circuns­tan­cias polí­ti­cas, las tradi­ciones de lucha o los inter­eses parti­cu­lares pesan mucho más que un análi­sis mesu­rado que nos sitúe a los seres huma­nos en nues­tro lugar en el planeta. Por otro lado, se suele presen­tar nues­tra prefe­ren­cia natu­ral por aten­der a nues­tros alle­ga­dos de manera prio­ri­ta­ria hasta en los míni­mos detalles como un problema de inso­li­da­ri­dad hacia los demás. La cues­tión es que la soli­da­ri­dad hacia los no alle­ga­dos no forma parte de la expre­sión natu­ral de huma­ni­dad sino sólo de cier­tas etapas evolu­ti­vas de cier­tas socie­dades civi­li­za­das. Volve­mos al punto ante­rior, el interés de un sistema social concreto se impone sobre los inter­eses de los miem­bros que la compo­nen y sobre las carac­terís­ti­cas del mundo que lo sopor­tan. ¿Tan impor­tante es? ¿Impor­tante para quién? ¿Impor­tante por encima de qué? Final­mente, un ejem­plo de la tercera posi­bi­li­dad enun­ciada antes (los proble­mas irre­so­lubles) es la desi­gual­dad. Hasta cierto punto y en cierto grado, todos los grupos huma­nos cono­ci­dos han presen­tado desi­gual­dad de un tipo u otro. Y tiene segu­ra­mente un sentido funcio­nal y nece­sa­rio. Sin embargo, en socie­dades civi­li­za­das la evolu­ción de la divi­sión social ha ido inevi­ta­ble­mente adqui­riendo rasgos más opre­si­vos y problemá­ti­cos. En ellas, la desi­gual­dad es un rasgo sustan­cial impres­cin­dible, sin el que la socie­dad implo­sio­naría en la disfun­cio­na­li­dad. Sin embargo, al mismo tiempo, perió­di­ca­mente puede produ­cir dife­rentes clases de proble­mas según las envi­dias que se despier­ten o lo apre­ta­das que vayan las tuer­cas de quienes la sufren. Se le podrá encon­trar alivios pasaje­ros en esas circuns­tan­cias, pero la desi­gual­dad no desa­pa­re­cerá.

Se podría plan­tear una obje­ción a lo plan­teado hasta ahora: el hecho de que no es posible juzgar a los demás, meterse en su cabeza y saber sus inten­ciones bási­cas. Como problema empí­rico es una reali­dad, pero pasa en cualquier ámbito de la vida, no sólo en la polí­tica. El ser humano tiene una gran capa­ci­dad de inter­ac­ción social, de modo que puede llegar a reco­no­cer patrones de conducta, hábi­tos, creen­cias, menti­ras, etc. en los demás. De hecho, hay quien defiende que esa es nues­tra espe­cia­li­dad como animales. Aunque también es cierto que las perso­nas pueden llegar al punto de estar engañán­dose a sí mismas, creyendo en algo que es falso sin saberlo. Esto es lo que ocurre con el izquier­dismo: conscien­te­mente un izquier­dista típico justi­fica su acti­vi­dad polí­tica mediante un discurso y unas justi­fi­ca­ciones ideoló­gi­cas, pero incons­cien­te­mente las causas de su conducta son otras dife­rentes. Es un hecho tan común entre los seres huma­nos que cier­tas escue­las dentro de la antro­po­logía, la “cien­cia que estu­dia la cultura humana”, hacen una distin­ción clara entre lo que la gente cree que guía sus actos y lo que un obser­va­dor infor­mado y obje­tivo (o varios obser­va­dores a lo largo del tiempo) descubre como las verda­de­ras causas de esos actos.

[NdT : « Puesto que la socie­dad de masas (o sea, aquel­los que esta ha formado inte­gral­mente, cualquiera que sean sus ilusiones sobre ello) no plan­tea jamas los proble­mas que pretende “gestio­nar”, si no es más que en los térmi­nos que hacen de su mante­ni­miento una condi­ción sine qua non » cf.JAIME SEMPRUN y RENE RIESEL “CATASTROFISMO: ADMINISTRACIÓN DEL DESASTE Y SUMISIÓN SOSTENIBLE” (Ency­clo­pé­die des Nuisances, 2008)].

Es normal, entonces, que una persona invo­lu­crada en acti­vi­dades izquier­dis­tas tienda a pintar­las y descri­bir­las de un modo posi­tivo (“altruis­tas”, “soli­da­rias”, “rebeldes”, “revo­lu­cio­na­rias”, etc., según la corriente a la que perte­nezca). Al estar impli­cada en ellas, no suele juzgar­las racio­nal­mente. Pero esto no signi­fica que otras perso­nas no sean capaces de hacerlo. De hecho, ya se han publi­cado unos cuan­tos análi­sis inter­esantes sobre ello. Por tanto, no es impo­sible juzgar la conducta de los demás. Puede ser compli­cado, pero no impo­sible.

En cualquier caso, no es mi inten­ción saber si una persona concreta es izquier­dista o no, ni buscar culpables por buscar culpables, sino alen­tar a la reflexión sobre un problema tan impor­tante como el izquier­dismo. Quedarse en seña­lar indi­vi­duos concre­tos sería una pérdida de tiempo.

Por último, existe un par de confu­siones respecto al término izquier­dista que conviene acla­rar. Se ha confun­dido, a veces y en cier­tos entor­nos, izquier­dista con refor­mista. A veces pueden coin­ci­dir, se puede ser izquier­dista y refor­mista a la vez. Pero, conviene no olvi­dar que hay una parte de los izquier­dis­tas, y del izquier­dismo, que se proclama revo­lu­cio­na­ria, como se vio antes. Y es la parte del izquier­dismo que crea un problema impor­tante, confun­dir y anular a perso­nas que desean since­ra­mente acabar con el sistema tecnoin­dus­trial actual. Otra posible confu­sión consiste en equi­pa­rar izquier­dista y progre­sista. De nuevo, es posible que haya muchos izquier­dis­tas que se mues­tren parti­da­rios del progreso; sin embargo, también los hay que criti­can el progreso (aunque luego sea para propo­ner otra clase de progreso, “alter­na­tivo”, “espi­ri­tual”, “moral”, más “humano”, etc.). Por tanto, ese no es un rasgo defi­ni­to­rio de los izquier­dis­tas, a pesar de que sea un rasgo habi­tual entre ellos.

Algu­nas Conclu­siones

Dar una solu­ción a todos los proble­mas que trae consigo el izquier­dismo no sólo impli­caría desviar un montón de energía y tiempo de los asun­tos más impor­tantes, sino que proba­ble­mente sean irre­so­lubles en su tota­li­dad. Prin­ci­pal­mente se trata de estar preve­nido, estar al tanto de lo que supone el izquier­dismo y no dejarse engañar y arras­trar por sus anti­guas o nove­do­sas versiones. El izquier­dismo es perió­di­ca­mente un aliento reno­va­dor para la socie­dad tecnoin­dus­trial de modo que refuerza los valores huma­nis­tas y civi­li­za­to­rios. Teniendo en cuenta todo el dete­rioro y some­ti­miento de la natu­ra­leza salvaje y la pérdida de la liber­tad indi­vi­dual que está socie­dad ha causado y sigue causando, no es acep­table defen­der ideas o movi­mien­tos que la puedan reno­var. Sobre todo cuando es la causante de la crisis ecoló­gica plane­ta­ria que vivi­mos y enemiga irre­con­ci­liable de lo salvaje.

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Sin embargo, como los proble­mas gene­ra­dos por el izquier­dismo afec­tan a su vez al modo en que se podrían inten­tar resol­ver estos asun­tos más impor­tantes, es nece­sa­rio e inevi­table tomar una posi­ción respecto al izquier­dismo. La única postura sensata y prác­tica es la de su total rechazo. Lo primero a hacer es un trabajo indi­vi­dual de auto­co­no­ci­miento, de reco­no­cer lo propio en uno mismo, en la espe­cie a la que perte­nece y del mundo vivo del que procede, y al que uno debería rendir plei­tesía. El izquier­dismo, como una de las amal­ga­mas ideoló­gi­cas más influyentes en nues­tros días, difunde unos valores contra­dic­to­rios con la natu­ra­leza humana y lo salvaje en gene­ral. La igual­dad no se sostiene ante la desi­gual­dad natu­ral presente en cualquier grupo humano. La soli­da­ri­dad más allá de los alle­ga­dos es un forza­miento de los indi­vi­duos en bene­fi­cio de un sistema cuyas grandes orga­ni­za­ciones tien­den al control total de dichos indi­vi­duos gracias al reper­to­rio tecnoló­gico. La feli­ci­dad o las recrea­ciones armo­nio­sas de la vida que aquella incita chocan con la reali­dad de la vida que es lucha y conflicto, fraca­sos y, a veces, éxitos. El mundo al que perte­ne­ce­mos como seres es salvaje y salvaje es nues­tro fuero interno. Cono­cerlo es deci­sivo.

Mante­ner la influen­cia del izquier­dismo a raya consti­tuye un primer paso nece­sa­rio, al que le han de seguir otros. Una vez asen­tado ese paso, lo siguiente es contri­buir a construir un refe­rente social no izquier­dista que pueda apor­tar serie­dad y un compro­miso real en la lucha contra la socie­dad tecnoin­dus­trial. Un pilar básico en ello ha de ser el valor de la auto­nomía de lo salvaje. Segu­ra­mente no sea una tarea sencilla, pero sólo la confor­mi­dad es fácil en estos tiem­pos difí­ciles.

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Edición; Santiago P.

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