Texto reto­mado del sitio NATURALEZA INDOMITA, escrito origi­nal­mente en ingles por Theo­dore John Kaczynski y tradu­cido al español por Último Reducto.

¿Está el trabajo cientí­fico moti­vado prin­ci­pal­mente por un deseo de hacer el bien a la huma­ni­dad? [i]

   Usted, en sus comen­ta­rios acerca de los párra­fos 87–92 de La Socie­dad Indus­trial y Su Futuro, escribe:

   “Los Moti­vos de los Cientí­fi­cos. Esta sección me resulta espe­cial­mente floja…

   “Una larga expli­ca­ción de por qué el señor Teller[ii] es un Hombre Malo. Lo cual está bien. Pero cuando pensa­mos en los físi­cos, la mayoría de noso­tros piensa en Einstein antes que en Teller, y Einstein es un ejem­plo para­digmá­tico de alguien que contra­dice comple­ta­mente esa afir­ma­ción –pero de ningún modo el único. [¿Qué afir­ma­ción? ¿La afir­ma­ción de que la labor cientí­fica no está moti­vada prin­ci­pal­mente por un deseo de bene­fi­ciar a la huma­ni­dad?]…

   “[Kaczynski] esen­cial­mente niega que los cientí­fi­cos tengan preo­cu­pa­ciones mora­les…

   “Hablando con perso­nas que creo que han trabajado en lo que yo consi­dero campos de inves­ti­ga­ción genui­na­mente nega­ti­vos –diseño de armas en Lawrence Liver­more[iii], por ejem­plo-, he descu­bierto que aquel­las que diri­gen y están acti­va­mente invo­lu­cra­das en ese trabajo, lo están porque creen que están haciendo lo correcto por el país, incluso con todos los ries­gos que su trabajo conl­leva, y que haciendo lo correcto por el país, hacen lo correcto por el mundo. Esa gente es consciente de las impli­ca­ciones morales de las deci­siones que acti­va­mente toma –en una direc­ción que yo no tomaría.

   “Las perso­nas que pare­cen no querer hacer eso [¿no querer hacer qué?] son perso­nas brillantes que más que diri­gir el trabajo sólo lo mantie­nen. Ven el empleo en ese campo como algo ética­mente neutro, mera­mente como un trabajo legal, y no les gusta pensar acerca de los costes y bene­fi­cios de su labor.”

   En primer lugar, tenga­mos esto bien presente: debería haber quedado claro que, en los párra­fos 87–89 de La Socie­dad Indus­trial y Su Futuro, yo estaba comen­tando los moti­vos habi­tuales o típi­cos de los cientí­fi­cos; no estaba teniendo en cuenta las excep­ciones ocasio­nales. Por tanto, aunque pudiese usted probar que el 1%, o incluso el 5%, de los cientí­fi­cos se hallan real­mente moti­va­dos por un deseo de hacer el bien a la huma­ni­dad, eso no afec­taría seria­mente a mi argu­men­ta­ción. También debería haber sido evidente que, al pregun­tar por los moti­vos de los cientí­fi­cos, pregun­taba por sus moti­vos para reali­zar trabajos cientí­fi­cos, no por sus moti­vos a la hora de actuar en otros campos. Yo nunca he dicho que a la mayoría de los cientí­fi­cos no les preo­cu­pen los asun­tos morales. Una cosa es decir que a un cientí­fico le preo­cu­pan los asun­tos morales y otra muy distinta, decir que su prin­ci­pal motivo para reali­zar inves­ti­ga­ción cientí­fica sea el deseo de hacer el bien a la huma­ni­dad. (De todos modos, se pueden encon­trar muchos ejem­plos de amora­li­dad entre los cientí­fi­cos, como seña­laré más abajo).

   Por tanto, el argu­mento de que los cientí­fi­cos (salvo algu­nas excep­ciones) no están moti­va­dos prin­ci­pal­mente por un deseo de bene­fi­ciar a la huma­ni­dad no niega que los cientí­fi­cos tengan preo­cu­pa­ciones morales –fuera del labo­ra­to­rio. Menciona usted a Einstein. Einstein trabajó asidua­mente por la paz mundial, y sus moti­vos para hacerlo sin duda eran honda­mente morales. Pero eso no tiene nada que ver con sus moti­vos para reali­zar inves­ti­ga­ción en el campo de la física.

   Lo que usted supues­ta­mente afirma es que los cientí­fi­cos actúan corrien­te­mente como agentes morales a la hora de reali­zar su trabajo. Allá por el 2002, comenté su teoría a los dos psicó­lo­gos de esta cárcel, hombres compe­tentes, en mi opinión, los cuales se consi­de­ran a sí mismos como “racio­na­lis­tas recal­ci­trantes” y desdeñan teorías dudo­sas tales como el freu­dia­nismo. Cito parte de mis notas fecha­das el 9 de abril del 2002:

   “Dado que estoy planeando contes­tar una carta que he reci­bido hace algún tiempo de un tal P.B., cuando los doctores Watter­son y Morri­son pasa­ron hoy por mi celda, les pregun­té… si habían elegido el campo de la psico­logía para satis­fa­cer sus propias nece­si­dades perso­nales o… para hacer el bien a la raza humana. Ambos contes­ta­ron que se habían hecho psicó­lo­gos para satis­fa­cer sus propias nece­si­dades perso­nales. Entonces les pregunté si pensa­ban que la mayoría de los psicó­lo­gos elegían esa profe­sión para…  hacer el bien a la raza humana, o para satis­fa­cer sus propias nece­si­dades perso­nales. Ambos, el Dr. Watter­son y el Dr. Morri­son, dije­ron que la mayoría de los psicó­lo­gos elegían esa profe­sión para satis­fa­cer sus propias nece­si­dades perso­nales (espe­cial­mente las nece­si­dades del ego’, dijo Watter­son) y no para hacer el bien a la raza humana. Morri­son añadió que muchos psicó­lo­gos dirán que se hicie­ron psicó­lo­gos para ayudar a la gente, pero que ése no es su motivo real. Comenté a Watter­son y a Morri­son la opinión de P.B. de que los cientí­fi­cos sentían ‘preo­cu­pa­ción por asun­tos mora­les’. Watter­son y Morri­son pare­cie­ron encon­trar esto diver­tido. Morri­son sugi­rió, medio en broma, que yo debería escri­bir a P.B…. [y] darle la siguiente respuesta breve: ‘¡Es­pa­bila!’.”

Un rat utilisé pour des expériences de contrôle par ordinateur, des électrodes fixées au cerveau (sic)...
Una rata utili­zada para expe­ri­men­ta­ciones de control por compu­ta­dora, elec­tro­dos implan­ta­dos en su cere­bro (sic)…

   Con el fin de apoyar su argu­mento, usted dice que “ha descu­bierto” que las perso­nas que “diri­gen y están acti­va­mente invo­lu­cra­das en” el diseño de armas mili­tares pien­san que están haciendo lo correcto para el mundo y que están “teniendo en cuenta las impli­ca­ciones morales de las deci­siones que acti­va­mente toman”. Pero, ¿cómo “descu­brió” usted eso? ¿Por el mero hecho de que ellos mismos se lo dije­sen? Su inge­nui­dad es pasmosa. Si esas perso­nas pensa­sen que su trabajo es perju­di­cial, ¿cree que lo reco­no­cerían ante usted? Si un hombre es lo sufi­cien­te­mente poco escru­pu­loso como para reali­zar un trabajo dañino con el fin de satis­fa­cer sus nece­si­dades perso­nales, seguro que es igual­mente poco escru­pu­loso como para mentir acerca de sus moti­va­ciones.

   Existe gente cuyas opiniones acerca de los cientí­fi­cos invo­lu­cra­dos en inves­ti­ga­ciones mili­tares son muy dife­rentes de las de usted. En sus autoin­cul­pa­to­rias memo­rias de posguerra, el minis­tro de arma­mento de Hitler escri­bió:

   “Exploté el fenó­meno de la dedi­ca­ción, a menudo ciega, de los técni­cos a su tarea. Debido a lo que parece ser la neutra­li­dad moral de la tecno­logía, esta gente carecía de cualquier escrú­pulo acerca de sus acti­vi­dades. Cuanto más técnico era el mundo que nos imponía la guerra, más peli­grosa era la indi­fe­ren­cia de los técni­cos ante las conse­cuen­cias de sus anóni­mas acti­vi­dades.”1

   ¿Cree usted que alguno de dichos técni­cos habría admi­tido abier­ta­mente ante extra­ños que era indi­fe­rente a las conse­cuen­cias de su trabajo? Es muy poco probable. Un caso seña­lado es el de Wern­her von Braun. Como usted proba­ble­mente sabrá, von Braun era el jefe de los cientí­fi­cos dedi­ca­dos a desar­rol­lar cohetes bajo el mandato de Hitler y diri­gió la crea­ción del cohete V-2, que mató nume­ro­sos civiles en Londres y en otras ciudades.2 Von Braun afirmó tras la guerra que sus moti­vos habían sido “patrió­ti­cos”.3 Pero mien­tras estuvo trabajando para Hitler, von Braun debía saber que los judíos esta­ban siendo exter­mi­na­dos, ya que esto era un “secreto a voces en Alema­nia al menos desde finales de 1942”, según los estu­dios más recientes.4 ¿Qué clase de patrio­tismo llevaría a un hombre a construir armas para un régi­men que exter­mina a grupos étni­cos ente­ros por puro odio? Queda sufi­cien­te­mente claro que el “patrio­tismo” era una mera excusa para von Braun, y que lo que él real­mente quería era construir cohetes por el mero hecho de construir­los. “Cuando la Segunda Guerra Mundial tocaba a su fin, a prin­ci­pios de 1945, Braun y muchos de sus socios deci­die­ron rendirse a los Esta­dos Unidos, donde creían que encon­trarían apoyo para su inves­ti­ga­ción sobre cohe­tes…”.5

   Lo impor­tante aquí no es si construir armas para Hitler es moral­mente equi­va­lente a construir armas para un régi­men presun­ta­mente demo­crá­tico como el de los Esta­dos Unidos. Lo impor­tante es que los cientí­fi­cos normal­mente se atri­buyen a sí mismos moti­va­ciones aparen­te­mente nobles, tales como el “patrio­tismo”, las cuales no tienen nece­sa­ria­mente nada que ver con sus moti­va­ciones reales.

   Y, no, esta forma de actuar no se limita a los que construyen armas para regí­menes dicta­to­riales. Como segu­ra­mente ya sabrá, J. Robert Oppen­hei­mer diri­gió el desar­rollo de la primera bomba atómica de los Esta­dos Unidos. En un discurso pronun­ciado el 2 de noviembre de 1945 ante los cientí­fi­cos que habían parti­ci­pado en el proyecto de la bomba en Los Alamos, Nuevo México,6 Oppen­hei­mer señaló: “Uno siempre tiene que preo­cu­parse de que lo que la gente dice acerca de sus moti­va­ciones no sea adecuado”. Entonces, Oppen­hei­mer expuso las excu­sas habi­tuales que los cientí­fi­cos dieron para trabajar en la bomba: los nazis podrían haber conse­guido la bomba primero; no existe otro lugar en el mundo donde el desar­rollo de armas atómi­cas habría tenido menos posi­bi­li­dades de condu­cir a un desastre que en los Esta­dos Unidos; la impor­tan­cia real de la energía atómica no estaba en las armas sino en los bene­fi­cios que dicha energía podría traer a la huma­ni­dad; etc. Oppen­hei­mer señaló que todas esas justi­fi­ca­ciones eran más o menos váli­das, pero insis­tió en que la razón real por la que los cientí­fi­cos habían desar­rol­lado la bomba era que, para ellos, su trabajo era una nece­si­dad perso­nal, una “nece­si­dad orgá­nica”. Los cientí­fi­cos, desde el punto de vista de Oppen­hei­mer, vivían según una filo­sofía que consistía en que la adqui­si­ción y difu­sión del cono­ci­miento eran fines en sí mismas, inde­pen­dien­te­mente de si suponían bene­fi­cios prác­ti­cos para la raza humana.

   Las impli­ca­ciones del discurso de Oppen­hei­mer son evidentes, aunque Oppen­hei­mer no las expu­siese clara­mente: los cientí­fi­cos no trabajan por el bien de la huma­ni­dad, sino para satis­fa­cer sus propias nece­si­dades. Aunque Oppen­hei­mer proba­ble­mente creía que, en gene­ral, la cien­cia bene­fi­ciaba a la huma­ni­dad, reco­nocía que justi­fi­car la cien­cia diciendo que bene­fi­cia a la huma­ni­dad era esen­cial­mente una excusa que no repre­sen­taba los moti­vos reales de los cientí­fi­cos.

   Es signi­fi­ca­tivo que la versión impresa de dicho discurso encon­trada entre los papeles de Oppen­hei­mer tuviese la siguiente nota: “Este mate­rial no debe ser hecho público. Proba­ble­mente, una versión revi­sada apare­cerá pronto en una revista cientí­fica”.7 Pero, de hecho, parece ser que el discurso no fue publi­cado, ni en forma “revi­sada” ni de ningún otro modo, antes de que Smith y Weiner lo incluye­sen en su libro.8

   Aparen­te­mente, Oppen­hei­mer no estaba muy a gusto con lo que él mismo dijo acerca de los moti­vos de los cientí­fi­cos. Pero algu­nos cientí­fi­cos han expuesto sus moti­vos más abier­ta­mente que Oppen­hei­mer y sin dar mues­tra alguna de disgusto.

Photo du champignon nucléaire causé par l'explosion Baker (25 juillet 1946)
Foto­grafía del hongo nuclear causado por la explo­sión Baker (25 de julio de 1946)

   Werner von Siemens fue un inge­niero eléc­trico del siglo XIX que inventó el gene­ra­dor autoex­ci­table y realizó otros descu­bri­mien­tos impor­tantes en el campo de la elec­tri­ci­dad.9 En una carta fechada el 25 de diciembre de 1887, Siemens expone sus moti­vos:

   “Cier­ta­mente, he buscado obte­ner riqueza y bene­fi­cios econó­mi­cos, pero no prin­ci­pal­mente para disfru­tar de ellos; más bien para obte­ner los medios para la ejecu­ción de otros planes y proyec­tos, y para, mediante mi éxito, lograr el reco­no­ci­miento de lo apro­piado de mis proce­di­mien­tos y de la utili­dad de mi trabajo. Por tanto, desde mi juven­tud, he anhe­lado esta­ble­cer una empresa inter­na­cio­nal como la de los Fugger[iv], que garan­ti­zase, no sólo a mí sino también a mis suce­sores, el poder y la estima en todo el mundo, así como los medios de elevar el nivel de vida de mis herma­nas y de otros de mis parientes cerca­nos…

   “Consi­dero nues­tro nego­cio sólo secun­da­ria­mente como una fuente de riqueza; para mí es más un reino que yo he fundado y que espero dejar intacto a mis suce­sores para que sigan desar­rol­lando un trabajo crea­tivo”.10 (Las cursi­vas son mías).

   Ni una pala­bra acerca del bien de la huma­ni­dad. Pero fíjese en la impor­tan­cia que Siemens da, por sí misma, a la ejecu­ción de “planes”, “proyec­tos” y “trabajo crea­tivo”. Es decir, a las acti­vi­dades susti­tu­to­rias. Véase La Socie­dad Indus­trial y Su Futuro, párra­fos 38–41, 84, 87–89.

   Sin embargo, seguro que a los cientí­fi­cos que trabajan en campos cuya fina­li­dad es obvia­mente huma­ni­ta­ria, tal como encon­trar trata­mien­tos para las enfer­me­dades, les mueve el deseo de hacer el bien a la huma­ni­dad, ¿no es así? En cier­tos casos, quizá. Pero, en gene­ral, creo que no. El bacte­rió­logo Hans Zins­ser escri­bió:

   “No habiendo tenido nunca ninguna rela­ción estre­cha con quienes trabajan en el campo de las enfer­me­dades infec­cio­sas, él compartía la falsa creen­cia de que a esa gente tan pecu­liar les movían nobles moti­vos. Y, no enten­diendo dema­siado cómo alguien podía actuar impul­sado por nobles moti­vos, nos preguntó: ‘¿Cómo decide alguien ser bacte­rió­logo?’… En reali­dad, los hombres eligen esta rama de la inves­ti­ga­ción por diver­sos moti­vos, de los cuales el deseo consciente de hacer el bien es el menos impor­tante. Lo que importa es que es uno de los pocos desafíos que quedan para aquel­los indi­vi­duos que sien­ten nece­si­dad de expe­ri­men­tar cierto grado de emoción. La lucha contra las enfer­me­dades infec­cio­sas es una de las pocas aven­tu­ras genui­nas que quedan en el mundo… Casi el único desafío autén­tico que sigue en pie tras la incan­sable domes­ti­ca­ción de la, en su día libre, espe­cie humana es la guerra contra esas pequeñas y feroces cria­tu­ras…”11

   Menciona usted a Einstein como ejem­plo de alguien cuyo trabajo cientí­fico estaba moti­vado por un deseo de hacer el bien a la huma­ni­dad, pero creo que se equi­voca. Según Gordon A. Craig, Einstein dijo en cierta ocasión: Todo nues­tro ensal­zado progreso tecnoló­gico, y la civi­li­za­ción en gene­ral, se podrían compa­rar con un hacha en la mano de un crimi­nal patoló­gico”.12 Craig no menciona la fuente de su cita, así que no tengo forma de compro­bar su exac­ti­tud.[v] Pero, si las pala­bras cita­das reflejan la visión que Einstein tenía de la tecno­logía, entonces es difí­cil imagi­nar ningún motivo altruista para el trabajo cientí­fico de Einstein. Einstein conti­nuó con su trabajo en física teórica hasta una edad muy avan­zada.13 Debió de ser consciente de que cualquier avance en física segu­ra­mente tendría apli­ca­ciones prác­ti­cas y, por tanto, refor­zaría esa tecno­logía que el compa­raba con “un hacha en la mano de un crimi­nal patoló­gico”. Así que, ¿por qué conti­nuó con su trabajo? Puede que fuese un tipo de compul­sión. Hacia el final de su vida, Einstein escri­bió: “No puedo mante­nerme apar­tado de mi trabajo. Me tiene inexo­ra­ble­mente atra­pado”.14

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   Tanto si se trataba de una compul­sión como si no, el trabajo cientí­fico de Einstein no tenía nada que ver con ningún deseo de hacer el bien a la raza humana. En una auto­bio­grafía15 que escri­bió a la edad de 67 años, Einstein describía sus razones para dedi­carse a la cien­cia. Ya cuando era un niño pequeño se sentía opri­mido por la sensa­ción de que tener espe­ran­zas y esfor­zarse por lograr cosas era algo “vacío” o “carente de sentido” (Nich­tig­keit). Esto sugiere una menta­li­dad depre­siva y derro­tista. Es más, parece ser que Einstein era un niño dema­siado deli­cado como para afron­tar el día a día del mundo, ya que descu­brió a una edad temprana lo que él llamaba la “cruel­dad” de tener que dedi­car esfuer­zos (Trei­ben) a ganarse la vida. Al prin­ci­pio trató de esca­par de esos senti­mien­tos dolo­ro­sos hacién­dose profun­da­mente reli­gioso, pero a la edad de doce años perdió la fe como resul­tado de leer libros cientí­fi­cos que refu­ta­ban las histo­rias de la Biblia. Entonces, buscó consuelo en la propia cien­cia, la cual le propor­cionó un “paraíso” que reem­plazó al paraíso reli­gioso que había perdido.16

   Por consi­guiente, parece ser que, en el caso de Einstein, el trabajo cientí­fico no sólo era una acti­vi­dad susti­tu­to­ria, sino también una forma de esca­par de un mundo que él encon­traba dema­siado duro. En cualquier caso, lo cierto es que Einstein se dedicó a la cien­cia sola­mente para satis­fa­cer sus nece­si­dades perso­nales; en ningún lugar en su auto­bio­grafía sugería que su inves­ti­ga­ción pudiese mejo­rar la situa­ción de la raza humana en modo alguno.

   Supongo que por cada cientí­fico que yo pueda citar cuya moti­va­ción decla­rada sea satis­fa­cer sus nece­si­dades perso­nales, usted podrá citar muchos que asegu­ran tener moti­vos altruis­tas. Cier­ta­mente, los moti­vos altruis­tas no son algo impo­sible. Por ejem­plo, supongo que a la mayoría de quienes reali­zan estu­dios de campo en botá­nica y zoología les mueve en parte un genuino amor por las plan­tas y animales salvajes. De todos modos, a las decla­ra­ciones de moti­vos altruis­tas –o, por decirlo de forma más exacta, de moti­vos que son consi­de­ra­dos admi­rables según las normas de la socie­dad actual- hay que conce­derles, en gene­ral, muy poco valor. Mien­tras que un cientí­fico que admita que sus moti­vos son egoís­tas se arriesga a rebajarse a sí mismo ante los ojos de la gente que le rodea, uno que afirme tener un motivo “noble” satis­face las expec­ta­ti­vas del resto de la gente y se asegura la apro­ba­ción de ésta, cuando no su admi­ra­ción. Es un hecho evidente que la mayoría de la gente, la mayoría del tiempo, dirán aquello que creen que le otor­gará la apro­ba­ción de sus semejantes. Sin duda, esto a veces supone una falta de hones­ti­dad consciente, como era el caso de Von Braun cuando asegu­raba que sus moti­vos eran “patrió­ti­cos”. Sin embargo, yo creo que, más a menudo, los cientí­fi­cos se creen sus propias excu­sas. La cien­cia tiene su propia ideo­logía auto­com­pla­ciente, y una de las funciones de la ideo­logía es justi­fi­car al creyente ante sí mismo. Como explica el soció­logo Monne­rot, la ideo­logía “ofrece una versión dife­rente de la rela­ción entre el motivo y lo que éste motiva. Los mate­riales que compo­nen una ideo­logía, y que ésta orga­niza, pueden ver la luz del día, por así decirlo. No sólo son permi­sibles, sino hono­rables, y constan­te­mente tratan de afir­mar su rela­ción con los valores sociales reco­no­ci­dos… Las aspi­ra­ciones de [el creyente] son pasa­das a térmi­nos éticos y sociales por la ideo­logía…”.17

   Pero la ideo­logía que presenta a la cien­cia como una empresa huma­ni­ta­ria es desmen­tida por las conver­sa­ciones y el compor­ta­miento coti­dia­nos de los cientí­fi­cos. En mis once años como estu­diante y profe­sor de matemá­ti­cas, durante los cuales también asistí a unos pocos cursos de física y de antro­po­logía física, nunca oí a ningún profe­sor o estu­diante mencio­nar el efecto sobre la socie­dad del trabajo cientí­fico o matemá­tico, o el bene­fi­cio que dicho trabajo presun­ta­mente propor­cio­naba a la huma­ni­dad. Hace usted refe­ren­cia a mi “aisla­miento inclu­so… en el plano acadé­mico”, así que me veo obli­gado a expli­carle que las afir­ma­ciones hechas por los medios acerca de mí a menudo han sido exage­ra­das hasta la cari­ca­tura y más allá, cuando no comple­ta­mente falsas. Es cierto que yo era un soli­ta­rio, pero no tanto como para no poder escu­char o tener muchas conver­sa­ciones con otros estu­diantes y profe­sores de matemá­ti­cas. Los profe­sores y los estu­diantes hablá­ba­mos acerca de lo que ocurría en diver­sos campos de las matemá­ti­cas, acerca de qué tipos de inves­ti­ga­ción se reali­za­ban y de quiénes las lleva­ban a cabo y acerca de los actos y la perso­na­li­dad de cier­tos matemá­ti­cos, pero nunca18 oí a nadie mani­fes­tar el menor interés acerca de qué bene­fi­cios podía propor­cio­nar su trabajo a la raza humana.

   Una versión menos infan­til de la ideo­logía cientí­fica presenta la cien­cia no como una empresa huma­ni­ta­ria, sino como algo “moral­mente neutro”: los cientí­fi­cos simple­mente ponen cier­tas herra­mien­tas a dispo­si­ción de la socie­dad y, si de ello se deri­van conse­cuen­cias nega­ti­vas, es culpa de la socie­dad por haber hecho “mal uso” de ellas; las manos de los cientí­fi­cos quedan así limpias. A uno le viene a la memo­ria el Evan­ge­lio de San Mateo, 27, 24: “… tomó agua y se lavó las manos delante de la muche­dumbre, diciendo: Yo soy inocen­te…” (Poncio Pila­tos). La Ency­clo­pae­dia Britan­nica usa este argu­mento de la “neutra­li­dad” en su artí­culo sobre tecno­logía;19 usted, Dr. B., menciona el mismo argu­mento en la parte de su carta que cité antes; Albert Speer lo mencionó al refe­rirse a la excusa que daban los técni­cos que crea­ban armas para Hitler (véase más arriba); von Braun, de modo simi­lar, “subrayaba la impar­cia­li­dad intrín­seca de la inves­ti­ga­ción cientí­fica, la cual en sí misma carece de dimen­siones morales hasta que sus produc­tos son utili­za­dos por el conjunto de la socie­dad”.20

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A la dere­cha, Von Braun: “En su búsqueda por desar­rol­lar grandes cohetes, se enroló en el ejér­cito alemán (en el SS o ‘Escua­dras de Defen­sa’ guar­dias perso­nales de Adolf Hitler) para desar­rol­lar misiles balís­ti­cos…Ha­cia prin­ci­pios de 1945 era obvio que Alema­nia no lograría la victo­ria en la guerra, Von Braun empezó a plani­fi­car su futuro en la posguer­ra…­pudo contac­tar con los Alia­dos y preparó su rendi­ción ante las fuer­zas esta­dou­ni­denses, quienes desar­rol­la­ban la opera­ción Paper­clip para captu­rar a cientí­fi­cos alemanes y poner­los al servi­cio del bando alia­do…Es­tuvo a punto de ser captu­rado por los sovié­ti­cos, que desea­ban inte­grarlo en el equipo de Serguéi Koro­liov. En los Esta­dos Unidos, Von Braun y sus cola­bo­ra­dores fueron insta­dos a coope­rar con la fuerza aérea esta­dou­ni­dense, y a cambio, se les eximiría de culpa por su pasado nazi; esto incluía las muertes ocasio­na­das por el uso de sus proyec­tos aéreos por los nazis y por utili­zar obre­ros escla­vos…La NASA le pidió en 1970 que se mudara a Washing­ton, D.C. para lide­rar el plan estra­té­gico de la agen­cia”[…]

   Por supuesto que la tecno­logía en abstracto es moral­mente neutra. Pero von Braun no estaba desar­rol­lando cohetes en el terreno abstracto de las Formas Ideales de Platón. Él estaba construyendo cohetes para Adolf Hitler y sabía muy bien que esos cohetes serían usados para defen­der un régi­men que estaba llevando a cabo exter­mi­nios en masa. Por muy neutra que la tecno­logía pueda ser en abstracto, cuando alguien desar­rolla una nueva tecno­logía o descubre un prin­ci­pio cientí­fico que tenga apli­ca­ciones tecnoló­gi­cas, está llevando a cabo una acción concreta que tiene un efecto concreto en la socie­dad en que vive. Esa persona no tiene dere­cho a negar su respon­sa­bi­li­dad en ese efecto basán­dose en que la socie­dad podía haber usado esa tecno­logía de algún otro modo –igual que von Braun tampoco tenía dere­cho a negar su respon­sa­bi­li­dad en los efec­tos de sus cohetes en base a que Hitler podía haber­los usado sólo para la explo­ra­ción espa­cial y no como armas. Von Braun estaba obli­gado a pregun­tarse no ya lo que en teoría podría hacer Hitler con los cohetes, sino lo que haría con ellos en la prác­tica. Simi­lar­mente, cuando alguien desar­rolla una nueva tecno­logía en la actua­li­dad, está obli­gado a consi­de­rar no lo que la socie­dad podría hacer, en teoría, con dicha tecno­logía, sino de qué modo es probable que esa tecno­logía inter­actúe con la socie­dad en la prác­tica.

   Todo lo dicho en el ante­rior párrafo es obvio y cualquiera sufi­cien­te­mente inte­li­gente como para ser experto en cohetes, físico, o biólogo mole­cu­lar puede llegar a ello en cinco minu­tos de reflexión honesta. El hecho de que tantos cientí­fi­cos echen mano del argu­mento de la “neutra­li­dad moral” demues­tra que o bien están siendo desho­nes­tos consigo mismos o con los demás, o bien simple­mente nunca se han preo­cu­pado de pensar seria­mente acerca de las impli­ca­ciones sociales y morales de su trabajo.21

   Exis­ten unos pocos cientí­fi­cos que pien­san seria y since­ra­mente en las conse­cuen­cias que su trabajo tiene en la socie­dad. Pero sus escrú­pu­los morales no inter­fie­ren signi­fi­ca­ti­va­mente con su inves­ti­ga­ción; la llevan a cabo de todos modos y luego tranqui­li­zan sus conscien­cias sermo­neando acerca del uso “ético” de su cien­cia, impo­niendo deter­mi­na­das limi­ta­ciones a su inves­ti­ga­ción o evitando aquel­los trabajos que estén especí­fi­ca­mente enca­mi­na­dos al desar­rollo de arma­mento.

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   Por supuesto, sus sermones y sus escrú­pu­los son comple­ta­mente inútiles. El modo en que la cien­cia es apli­cada en la prác­tica no viene deter­mi­nado por los cientí­fi­cos sino por la utili­dad que la cien­cia tiene para aquel­los que buscan dinero o poder.

   Alfred Nobel era en esen­cia un paci­fista, pero eso no le impedía desar­rol­lar potentes explo­si­vos. Se conso­laba con la espe­ranza “de que los poderes destruc­ti­vos de sus inven­ciones ayudarían a acabar con las guer­ras”.22 Ya sabe­mos lo bien que funcionó esto, ¿ver­dad? Como ya hemos visto, Einstein predi­caba –de modo inefi­caz- acerca de la paz mundial, pero conti­nuó su inves­ti­ga­ción hasta prác­ti­ca­mente el final de su vida, a pesar de su opinión sobre la tecno­logía. Los cientí­fi­cos del Proyecto Manhat­tan primero desar­rol­la­ron la bomba atómica y después predi­ca­ron –de nuevo de forma inefi­caz- acerca de la nece­si­dad de una agen­cia inter­na­cio­nal para el control de la energía atómica.23 En su libro, Beha­vior Control24, Perry London demos­traba haber pensado seria­mente acerca de las impli­ca­ciones de las técni­cas que faci­li­ta­ban la mani­pu­la­ción del compor­ta­miento humano. Ofrecía cier­tas ideas éticas que él espe­raba que guiarían el uso de dichas técni­cas, pero sus ideas éticas no han tenido ningún efecto prác­tico. David Gelern­ter, en su libro Mirror Worlds25, expre­saba serias preo­cu­pa­ciones acerca del efecto que tendría la informá­tica en la socie­dad. Sin embargo, Gelern­ter conti­nuó promo­viendo la tecno­logía, incluida la informá­tica,26  y las preo­cu­pa­ciones que expresó en Mirror Worlds no sirvie­ron en abso­luto para miti­gar las conse­cuen­cias del desar­rollo de la informá­tica.

   Un artí­culo del New York Times27 informa de una confe­ren­cia  de la AAAI[vi]  que tuvo lugar el 25 de febrero del 2009. La confe­ren­cia trataba de los peli­gros plan­tea­dos por el desar­rollo de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial y, como posibles reme­dios, los cientí­fi­cos parti­ci­pantes plan­tea­ron los “límites a la inves­ti­ga­ción”, el confi­na­miento de algu­nas inves­ti­ga­ciones en “labo­ra­to­rios de alta segu­ri­dad” y una “comi­sión” que debería “dar forma a los avances y ayudar a la socie­dad a afron­tar las conse­cuen­cias” de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial. Es difí­cil discer­nir hasta qué punto esto fue una manio­bra publi­ci­ta­ria y hasta qué punto esos cientí­fi­cos real­mente creían en ello, pero, en cualquier caso, las propues­tas eran comple­ta­mente inge­nuas.

   Está claro que los “límites” plan­tea­dos por los cientí­fi­cos no esta­ban diri­gi­dos a dete­ner la inves­ti­ga­ción en el campo de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial en gene­ral, sino sólo en cier­tas áreas muy concre­tas que los cientí­fi­cos pensa­ban que eran espe­cial­mente deli­ca­das. Dichos “límites” no serán mante­ni­dos por mucho tiempo. Si los cientí­fi­cos del Proyecto Manhat­tan hubie­sen rehu­sado trabajar en la inves­ti­ga­ción arma­mentís­tica, habrían retra­sado sólo unos pocos años la apari­ción de las armas nucleares ya que, una vez que la teoría cuán­tica había sido desar­rol­lada y la fisión nuclear descu­bierta, era inevi­table que alguien, antes o después, apli­case ese cono­ci­miento para la fabri­ca­ción de armas nucleares. De modo semejante, dado que la inves­ti­ga­ción en el campo de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial va a conti­nuar, es seguro que alguien, antes o después (proba­ble­mente pronto), apli­cará el cono­ci­miento técnico desar­rol­lado para inva­dir áreas que la AAAI intenta decla­rar “prohi­bi­das”.

   Los “labo­ra­to­rios de alta segu­ri­dad” no serán contro­la­dos ni por usted ni por mí, sino por orga­ni­za­ciones pode­ro­sas tales como grandes empre­sas o gobier­nos. Por tanto, el confi­na­miento de cier­tas inves­ti­ga­ciones en labo­ra­to­rios de alta segu­ri­dad lo único que hará será aumen­tar la ya exce­siva concen­tra­ción de poder exis­tente en nues­tra socie­dad.

   La “comi­sión” que se supone que “dará forma a los avances y ayudará a la socie­dad a afron­tar las conse­cuen­cias” de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial me inspira temor y despre­cio, ya que la idea de lo que es bueno para los seres huma­nos que tienen esos indi­vi­duos apenas sobre­pasa el nivel de la que tiene un niño de cuatro años. Tiem­blo sólo de pensar en qué tipo de mundo crearían si pudie­sen.

   De todos modos, en la prác­tica, la “comi­sión” no tendrá más éxito que el que tuvie­ron los grupos de cientí­fi­cos que se forma­ron tras 1945 con el fin de tratar de que la energía nuclear fuese regu­lada “sabia­mente” y usada sólo con fines pací­fi­cos. A largo plazo, el modo en que la inte­li­gen­cia arti­fi­cial sea desar­rol­lada y apli­cada vendrá deter­mi­nado por las nece­si­dades de la gente que tiene el poder y que trata de aumen­tarlo.

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   Por tanto, sean cuales sean los crite­rios éticos que cualquier cientí­fico profese, esos crite­rios tienen como mucho un efecto insi­gni­fi­cante del desar­rollo de la cien­cia y la tecno­logía en su conjunto. Lo que escribí en el párrafo 92 de La Socie­dad Indus­trial y Su Futuro era en esen­cia correcto:

“la cien­cia continúa adelante ciega­mente, sin respeto por el verda­dero bienes­tar de la raza humana ni por ningún otro crite­rio, obede­ciendo sola­mente a las nece­si­dades psicoló­gi­cas de los cientí­fi­cos así como a las de los cargos de la admi­nis­tra­ción del gobierno y de los direc­ti­vos de las grandes empre­sas que apor­tan los fondos para la inves­ti­ga­ción.”

NOTAS:

  1. Albert Speer, Inside the Third Reich, tradu­cido por Richard y Clara Wins­ton, Macmil­lan, Nueva York, 1970, página 212.
  2. Véase The Week,  6 de marzo del 2009, página 39.
  3. The New Ency­clo­pae­dia Britan­nica, 15ª edición, 2003, Vol. 2, artí­culo “Braun, Wern­her von”, página 485.
  4. Benja­min Schwarz, “Co-Cons­pi­ra­tors”, The Atlan­tic, mayo del 2009, página 80.
  5. Encycl. Britan­nica, 2003, Vol. 19, artí­culo “Explo­ra­tion”, página 47.
  6. El texto completo del discurso puede leerse en Alice Kimball Smith y Charles Weiner (editores), Robert Oppen­hei­mer: Letters and Recol­lec­tions, Stan­ford Univer­sity Press, Cali­for­nia, 1995, pági­nas 315–325.
  7. Ibíd., pági­nas 315 y 350, nota 20.
  8. Ibíd.
  9. Véanse G. A. Zimmer­mann, Das Neun­zehnte Jahrhun­dert, segunda mitad, segunda parte, Milwa­kee, 1902, pági­nas 439–442; Encycl. Britan­nica, 2003, Vol.10, artí­culo “Siemens, Werner von”, página 787.
  10. Frie­drich Klemm, A History of Western Tech­no­logy, tradu­cido por Doro­thea Waley Singer, M.I.T. Press, 1964/1978, página 353.
  11. Hans Zins­ser, Rats, Lice, and History, cerca del final del capí­tulo I. No tengo apun­tada la fecha de publi­ca­ción de este libro, pero proba­ble­mente apare­ció en la década de los 30 del siglo XX.
  12. “The End of the Golden Age”, The New York Review of Books, 4 de noviembre de 1999, página 14.
  13. Encycl. Britan­nica, 2003, Vol. 18, artí­culo “Einstein”, página 157.
  14. Ibíd.
  15. Paul Arthur Schilpp (editor), Albert Einstein: Philo­so­pher-Scien­tist, Open Court, La Salle, Illi­nois, Tercera Edición, 1970/1995, pági­nas 1–94. Esta auto­bio­grafía está impresa en el alemán origi­nal con una traduc­ción al inglés en pági­nas alter­na­ti­vas. Yo acon­sejaría al lector que lea la versión en alemán si le es posible, ya que la traduc­ción al inglés me parece pobre.
  16. Para todo este párrafo véase ibíd., pági­nas 2 y 4.
  17. Jules Monne­rot, Socio­logy and Psicho­logy of Commu­nism, tradu­cido por Jane Degras y Richard Rees, Beacon Press, Boston, 1960, pági­nas 136 y 140.
  18. Con una excep­ción trivial que no es rele­vante en este caso.
  19. Encycl. Britan­nica, 2003, Vol. 28, artí­culo “Tech­no­logy, The History of”, página 471.
  20. Ibíd., Vol. 2, artí­culo “Braun, Wern­her von”, página 485.
  21. Me han comen­tado que en los últi­mos años algu­nos cientí­fi­cos o las empre­sas que les sirven de rela­ciones públi­cas han estado desar­rol­lando argu­men­tos bastante sofis­ti­ca­dos para tratar de justi­fi­car el papel de la cien­cia en la socie­dad; y no dudo que esto sea cierto. Pero todo aquello rele­vante que he visto en los medios de comu­ni­ca­ción de masas, hasta el verano del 2009, parece indi­car que la mayor parte del pensa­miento de los cientí­fi­cos acerca de las impli­ca­ciones sociales y morales de su trabajo se halla aún en un nivel super­fi­cial, o incluso infan­til. Sería muy deseable e impor­tante reali­zar un estu­dio de la propa­ganda de la cien­cia oficial, espe­cial­mente de la propa­ganda sofis­ti­cada diri­gida a una audien­cia inte­li­gente, pero dicho estu­dio estaría muy lejos del alcance de esta carta; y, es más, carezco de los cono­ci­mien­tos nece­sa­rios para ello. Los argu­men­tos de los propa­gan­dis­tas sofis­ti­ca­dos proba­ble­mente reflejen tan poco el pensa­miento del cientí­fico corriente como, por ejem­plo, los argu­men­tos de los filó­so­fos polí­ti­cos sofis­ti­ca­dos reflejan el pensa­miento del soldado común que sale al campo de batalla para luchar por la demo­cra­cia, por el fascismo o por el comu­nismo. Como mucho, los cientí­fi­cos y los solda­dos corrientes pueden repe­tir irre­flexi­va­mente los argu­men­tos sofis­ti­ca­dos de los propa­gan­dis­tas para justi­fi­car sus actos ante sí mismos o ante los demás.
  22. Encycl. Britan­nica, 2003, vol. 8, artí­culo “Nobel, Alfred Bern­hard”, página 738.
  23. Smith y Weiner, op. cit., pági­nas 303 y 310.
  24. Harper & Row, Nueva York, 1969.
  25. Oxford Univer­sity Press, Nueva York, 1991, pági­nas 213–225.
  26. Véase David Gelern­ter, “U.S. faces tech­no­logy crisis”, The Missou­lian (perió­dico de Missoula, Montana), 24 de febrero de 1992.
  27. John Markoff, “Scien­tists Worry Machines May Outs­mart Man”, The New York Times, 26 de julio del 2009.

[i] Frag­mento de carta de Ted Kaczynski a P.B. del 16 de mayo del 2009. Revi­sado el 8 de septiembre del 2009 y el 27 de octubre del 2009. Origi­nal en inglés. Traduc­ción a cargo de Último reducto. © 2009, Theo­dore John Kaczynski. © de la traduc­ción, 2013, Último Reducto. N. del T.

[ii] Edward Teller, físico nuclear esta­dou­ni­dense de origen húngaro. FC, grupo autor de La Socie­dad Indus­trial y Su Futuro del que Kaczynski era presun­ta­mente el único miem­bro, mencio­naba al Dr. Teller, en el párrafo 88 de dicha obra, como ejem­plo de cientí­fico cuyas moti­va­ciones para inves­ti­gar no tenían nada que ver con el bien de la huma­ni­dad. N. del T.

[iii] Lawrence Liver­more, centro fede­ral de inves­ti­ga­ción y desar­rollo situado en Liver­more, Cali­for­nia. Una de sus prin­ci­pales acti­vi­dades es la inves­ti­ga­ción arma­mentís­tica nuclear. N. del T.

[iv] Impor­tante fami­lia alemana de banque­ros y comer­ciantes. N. del T.

[v] El autor consi­guió poste­rior­mente los datos del origi­nal usado por Craig: “Letter from Einstein to Hein­rich Zang­ger, dated 6 Dec. 1917”. En Collec­ted Papers of Albert Einstein, vol. 8A, pági­nas 561–562 (en alemán). Prin­ce­ton Univer­sity Press (1987), J. Stachel, editor. Y la cita origi­nal en alemán sería: “Unser ganzer geprie­sene Fort­schritt der Tech­nik, überhaupt der Civi­li­sa­tion, ist der Axt in der Hand des patho­lo­gi­schen Verbre­chers vergleich­bar”. N. del T.

[vi] Siglas de “Asso­cia­tion for the Advan­ce­ment of Arti­fi­cial Intel­li­gence” (Asocia­ción para el Avance de la Inte­li­gen­cia Arti­fi­cial). N. del T.

*Las imágenes relacionadas al escrito fueron agregadas por Le Partage para ilustrar más o menos el sujeto tratado.


 

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