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Las celebridades, sus fundaciones y ONG : mascaras sonrientes de la maquina corporativista
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« Leonardo DiCa­prio se convierte en la cara del movi­miento anti-carne ».

– Beef Maga­zine

« M. DiCa­prio es una voz creíble en el seno del movi­miento medioam­bien­ta­lista y dispone de medios consi­de­rables para hacer que este mensaje sea escu­chado. Estoy contento que haya elegido poner su voz al servi­cio de los esfuer­zos de la ONU para abogar en favor de medi­das urgentes de lucha contra el cambio clima­tico”

– Ban Ki-moon, secre­ta­rio gene­ral de la ONU

En una reciente tribuna publi­cada en el sitio del “The Guar­dian” el 20 de Diciembre del 2016, George Monbiot, medioam­bien­ta­lista britá­nico, emite una crítica de la “cultura de la cele­bri­dad”, comen­zando por la siguiente consta­ta­ción:

Ahora cuando una estrella de la Tele-reali­dad se apresta a conver­tirse en presi­dente de los Esta­dos Unidos, quizá es tiempo de ponerse de acuerdo sobre el hecho que la cultura de la cele­bri­dad no es una diver­sión sin conse­cuen­cias  – ¿que pudiera de hecho tratarse de un compo­nente esen­cial de los siste­mas que gobier­nan nues­tras vidas?

El acon­te­ci­miento de la cultura de la cele­bri­dad no surgió de la nada. Fue prepa­rado desde hace mucho tiempo por los publi­ci­ta­rios, los merca­do­téc­ni­cos y los medios de comu­ni­ca­ción. Y tiene una función precisa. Mien­tras que las corpo­ra­ciones se vuel­ven más distantes e imper­so­nales, más depen­den de las caras de otras perso­nas para esta­ble­cer una conexión con sus clientes.

Corpo­ra­ción signi­fica cuerpo; capi­tal signi­fica cabeza. Pero resulta difí­cil para la gente apegarse a una franqui­cia homo­ge­nei­zada propie­dad de un fondo de inver­sión espe­cu­la­tivo cuya iden­ti­dad corpo­ra­tiva es una caja de archi­vos en Panamá City. Por lo tanto la maquina nece­sita de una mascara. Esta debe portar el rostro de alguien que vemos tanto como vemos a nues­tros veci­nos. Es inútil pregun­tar sobre lo que hace Kim Karda­shian para ganarse su vida: su papel es el de exis­tir en nues­tras mentes. Jugando al vecino virtual, ella induce un meca­nismo de reco­no­ci­miento que bene­fi­cia al mono­lito que se esconde detrás de ella esta semana. […]

George continúa en seguida citando ejem­plos de cele­bri­dades utili­za­das para vender produc­tos y describe la impor­tan­cia creciente de este fenó­meno de inge­niería social :

Mien­tras más anódino y homo­ge­nei­zado es el producto, más distin­tiva debe ser la mascara que este debe portar. Es por eso que Iggy Pop fue utili­zado para promo­ver segu­ros de automó­viles y Beni­cio del Toro para vender Heine­ken. El rol de esa gente es el de suge­rir que, detrás del logo­tipo de la marca, hay algo más exci­tante que unos muebles de oficina y hojas de calculo. Ellos trans­fie­ren su morda­ci­dad a la compañía que repre­sen­tan. Tan pronto como toman el cheque que compra sus iden­ti­dades, se convier­ten en algo tan insi­gni­fi­cante y fabri­cado como el producto que promue­ven.

Las cele­bri­dades que vemos con más frecuen­cia son los produc­tos más lucra­ti­vos, exhi­bi­dos a través de medios de comu­ni­ca­ción cómplices por una indus­tria del marke­ting cuyo poder e influen­cia nadie busca veri­fi­car. Esta es la razón por la cual hoy los actores y mode­los reci­ben una aten­ción desme­su­rada, captu­rando la mayor parte del espa­cio otrora ocupado por perso­nas con ideas propias : sus compe­ten­cias solo consis­ten en cana­li­zar las visiones e inter­eses de otros indi­vi­duos.

Una búsqueda en el seno de un banco de datos empren­dido por el antropó­logo Grant McCra­cken revela que en los Esta­dos Unidos, entre 1900 y 1910, los actores recibían 17% de la aten­ción cultu­ral acor­dada a las cele­bri­dades : un poco menos que a los físi­cos, quími­cos y biólo­gos, combi­na­dos. Los direc­tores cine­ma­to­grá­fi­cos recibían 6% y los escri­tores 11%. Entre 1900 y 1950, los actores tenían 24% de la cober­tura mediá­tica, y los escri­tores el 9%. En el 2010, los actores conta­bi­li­za­ban el 37% (más de 4 veces la aten­ción que recibían los exper­tos en cien­cias natu­rales), mien­tras que la propor­ción desti­nada a los direc­tores y escri­tores solo repre­sen­taba el 3%.

No es nece­sa­rio leer o ver muchas entre­vis­tas para darse cuenta que las prin­ci­pales cuali­dades que hoy se buscan en una cele­bri­dad son : insi­pi­dez, vacui­dad y belleza física. Estas pueden ser utili­za­das como una pantalla en blanco sobre las que cualquier cosa puede ser proyec­tada. Con algu­nas raras excep­ciones, aquel­los que tienen lo menos que decir se les concede el mayor numero de plata­for­mas para expre­sarlo.[…]

Final­mente, Geroge describe el otro impacto y papel mayor de la “cultura de la cele­bri­dad” :

Las cele­bri­dades tienen otro rol mayor : el de ser armas de distrac­ción masi­vas. Las encues­tas que ante­rior­mente mencioné reve­lan que la gente que está más inter­esa­das en la cele­bri­dad son los que manos se invo­lu­cran en polí­tica, los menos suscep­tibles de mani­fes­tar y votar. Esto contra­dice amplia­mente la afir­ma­ción autojus­ti­fi­ca­tiva tras­mi­tida con frecuen­cia por los medios de comu­ni­ca­ción según la cual las cele­bri­dades nos conec­tan con la vida publica. […]

Y concluye que :

Las cele­bri­dades quizá pueblan nues­tras vidas, pero no son nues­tros amigos. Inde­pen­dien­te­mente de las inten­ciones de aquel­los a quienes ellas sirven, las cele­bri­dades son las lugar­te­nientes de la explo­ta­ción. Volteé­mo­nos hacia nues­tros verda­de­ros veci­nos y demosles la espalda a quienes se hacen pasar insi­dio­sa­mente por ellos.

Actual­mente el papel de la “cultura de la cele­bri­dad” en la inge­niería social es efec­ti­va­mente prepon­de­rante. De la funda­ción Bill & Melinda Gates a la funda­ción Leonardo DiCa­prio, pasando por las funda­ciones Rocke­fel­ler, Ford, Buffett, y por la funda­ción Jolie-Pitt (Ange­lina Jolie y Brad Pitt), son innu­me­rables las perso­na­li­dades que han esta­ble­cido orga­ni­za­ciones cari­ta­ti­vas. Pero detrás de la mascara filan­tró­pica se escon­den las reali­dades corpo­ra­ti­vis­tas descri­tas por George Monbiot.

Además de los ejem­plos que cita George, recor­de­mos que la funda­ción Bill & Melinda Gates juega un rol de respon­sable en la toma de deci­siones polí­ti­cas en varios países de África y Asia, donde  promueve la cultura de OGM, influen­cia el desar­rollo de la educa­ción (como en Fran­cia, con la educa­ción numé­rica y el parte­na­riado entre Micro­soft y el minis­tro de la educa­ción nacio­nal, o en los Esta­dos Unidos, donde la funda­ción Gates y otras 11 funda­ciones mayores, finan­cia­ron por un total de 500 millones de dolares al sector de la inno­va­ción en la educa­ción en el 2010) y del sector salud.

Entre las nume­ro­sas funda­ciones de la fami­lia Rocke­fel­ler, la Rocke­fel­ler Brothers Fund finan­cia igual­mente tanto a la ONG medioam­bien­ta­lista inter­na­cio­nal 350.org como a la orga­ni­za­ción polí­tica « The Syria Campaign » impli­cada en el conflicto que devasta actual­mente a Siria, siendo esta miem­bro de la oposi­ción a Bachar el-Assad, y como apoyo, o sea de los « rebeldes mode­ra­dos » que son Al-Qaida y sus diver­sos brazos.

La ONG Avaaz, muy a la moda hoy en la web, fue finan­ciada por George Soros, un multi­mil­lo­na­rio esta­dou­ni­dense, espe­cu­la­dor sin par, que invierte en todo lo que pueda gene­rarle dinero, favo­ri­zando de este modo, el buen funcio­na­miento del sistema econó­mico mundial y la destruc­ción del planeta que ello engen­dra automá­ti­ca­mente. Y no obstante Avaaz intenta actual­mente preten­der ser “inde­pen­diente”, lo que corres­ponde a una burda pero útil mentira para su proyecto polí­tico el cual debe pasar como desin­te­re­sado.

La autora y acti­vista hindú Arund­hati Roy consa­gra una buena parte de su obra a la critica de las funda­ciones fila­tró­pi­cas y ONG. En ese sentido, hemos tradu­cido un  extracto de su ultimo libro (en frances).

Antes de centrar nues­tra aten­ción en el caso de Leonardo DiCa­prio, filán­tropo ultra-media­ti­zado y nueva mascota plane­ta­ria de los diver­sos domi­nios que promue­ven el cambio mediante el consumo — debido a que promueve la reduc­ción en la ingesta de carne y todos los demás aspec­tos del “desar­rollo susten­table” (nueva apela­ción para “el desar­rollo” a secas), como el apoyo a las energías “reno­vables” (otra nueva apela­ción para las “ilusiones verdes”) —, un recor­da­to­rio histó­rico y contex­tual impor­tante compuesto de extrac­tos obte­ni­dos del libro « Capi­ta­lisme and conser­va­tion » (Dan Brocking­ton, 2011) :

Cover art

La rela­ción estre­cha entre capi­ta­lismo y la conser­va­ción no tiene nada de nuevo. La conser­va­ción neoli­be­ral no es más que la última fase de una larga y fruc­tuosa rela­ción entre el capi­ta­lismo y la conser­va­ción. Las élites ricas hacen la promo­ción de la conser­va­ción de tal o tal espe­cie en parti­cu­lar por su propio placer y disfrute desde mucho antes del adve­ni­miento del capi­ta­lismo ; las élites capi­ta­lis­tas simple­mente han adop­tado esas mismas prer­ro­ga­ti­vas. Los inter­eses capi­ta­lis­tas han apoyado amplia­mente la crea­ción de los prime­ros parques nacio­nales en América del Norte, así como la crea­ción de las primera ONG de conser­va­ción de la natu­ra­leza. De hecho, lo que es extra­or­di­na­rio con respecto a las ONG medioam­bien­ta­lis­tas de los años 1960 y 1970, es que hayan tomado un giro anti­ca­pi­ta­lista. El espí­ritu de Edward Abbey y de su grupo que sirvió como llave de ajuste es la excep­ción, no lo regla. […]

Uno de los temas centrales de esta colec­ción es que la conser­va­ción ha resul­tado ser crucial para el creci­miento del capi­ta­lismo y su repro­duc­ción.[…] Como obser­va­ron Igoe y sus cole­gas (en este volu­men), mien­tras que los ecolo­gis­tas marxis­tas predecían obstá­cu­los medioam­bien­tales que amena­zarían la pros­pe­ri­dad del capi­ta­lismo, estos mismos obstá­cu­los son el objeto de nuevas formas de acumu­la­ción. El consu­mismo pros­pera gracias a la esca­sez, la ansie­dad y el miedo (que crean la demanda), de este modo, tal vez el auge del capi­ta­lismo de la conser­va­ción, que utiliza esos mismos medios, no debería ser una sorpresa. […]

La denun­cia de este problema es una de las prin­ci­pales reali­za­ciones del ensayo de Igoe y de sus cole­gas. A partir de Sklair y otros, ellos expo­nen la exis­ten­cia de inter­eses de “conser­va­ción mains­tream [domi­nante]” hegemó­ni­cos, compues­tos de una alianza de inter­eses de ONG, corpo­ra­ciones, filán­tro­pos u orga­ni­za­ciones filan­tró­pi­cas. La “conser­va­ción mains­tream” propone solu­ciones a los proble­mas medioam­bien­tales que depen­den de un consumo y de una produc­ción de mercancías en aumento, parti­cu­lar­mente de servi­cios acosis­té­mi­cos recien­te­mente mercan­ti­li­za­dos. Estos concep­tos son propa­ga­dos por medio de una colec­ción de produc­ciones mediá­ti­cas y de publi­ci­dades espec­ta­cu­lares que se refuer­zan mutua­mente, y a través de Inter­net. La poten­cia de estas produc­ciones no depende de su forta­leza,  de su lógica o de su rigor, sino más bien del hecho que estas son presen­ta­das y consu­mi­das en el seno de las socie­dades domi­na­das por el espectá­culo. O sea, de las socie­dades donde la repre­sen­ta­ción, la conexión a los lugares, a la gente y a las causas son, desde hace mucho tiempo, arbi­tra­das por la media­ción de imágenes-mercancías. Mediante su consumo, las perso­nas tienen “la ilusión román­tica de que están salvando el mundo de forma aven­tu­rera”, mien­tras que los dele­té­reos impac­tos de este consu­mismo, y del estilo de vida que requiere, son cuida­do­sa­mente ocul­ta­dos.

Atrayendo la aten­ción de los consu­mi­dores hacia los lugares exóti­cos, las produc­ciones espec­ta­cu­lares disi­mu­lan las conexiones inme­dia­tas y complejas entre la vida coti­diana de la gente y los proble­mas medioam­bien­tales, sugi­riendo al mismo tiempo que las solu­ciones a tales proble­mas depen­den, para comen­zar, del consumo de la clase de produc­tos que los gene­ra­ron (pág. 504).

[…] Igoe hace hinca­pié en que el consumo ético depende del flujo de imágenes de las que pensa­mos que encar­nan la ética. Y sin embargo, su vali­dez y su poten­cial de divul­ga­ción requie­ren de un cierto nivel de igno­ran­cia y de prejui­cios por parte de los consu­mi­dores a quienes se diri­gen. El consumo ético frecuen­te­mente ignora los contex­tos medioam­bien­tales y sociales más vastos en el seno de los que opera. Este funda su preten­sión ética sobre la ocul­ta­ción de diver­sos aspec­tos de la produc­ción y del consumo de sus mercancías. […] Existe, no obstante, otro efecto más insi­dioso que Carrier destaca. El consumo ético se basa en una creen­cia subya­cente, refor­zada en cada compra, según la cual “las opciones de consumo perso­nal son un medio apro­piado y eficaz para corre­gir los perjui­cios gene­ra­dos por el sistema de produc­ción capi­ta­lista”.

[…] Los conser­va­cio­nis­tas de primer plano, los diri­gentes corpo­ta­ti­vis­tas y las cele­bri­dades, difun­den este mensaje al gran publico : el capi­ta­lismo es la clave de nues­tro futuro ecoló­gico, y el desar­rollo susten­table nos ayudará a poner un alto a la crisis finan­ciera actual.

[…] En octubre del 2009, el Wild­life Conser­va­tion Network (Red de Conser­va­ción de la Vida Silvestre, en español) orga­nizó su expo­si­ción anual, la « Wild­life Conser­va­tion Expo » en San Fran­cisco. Cali­fi­cada de « primer evento de conser­va­ción de la fauna silvestre en la bahía de San Fran­cisco », la prima­to­loga Jane Goodall fue la oradora prin­ci­pal. Los visi­tantes tenían una opor­tu­ni­dad para poder apren­der más a cerca del trabajo de conser­va­ción local e inter­na­cio­nal. Al día siguiente, una fiesta de jardín, donde habían feli­nos presentes, con bufete, venta de obje­tos de arte, y otras diver­siones que ofrecían la opor­tu­ni­dad de encon­trarse con grandes conser­va­cio­nis­tas de forma más exhaus­tiva, ya que la entrada costaba 1000$ por persona. Los even­tos ante­riores (en el 2006) consistían en cenas de cele­bra­ción durante los cuales los invi­ta­dos podían, por un billete indi­vi­dual de entre 1500$ y 10.000$ por mesa de ocho perso­nas, volverse “patro­ci­na­dores mundiales” bene­fi­ciando del privi­le­gio de encon­trar algu­nos de los conser­va­cio­nis­tas cuyo trabajo era celebre, durante una recep­ción VIP previa a la cena.

El Wild­life Conser­va­tion Network está bien inte­grado. Su consejo admi­nis­tra­tivo y sus asesores son ricos filán­tro­pos que han hecho fortuna en las indus­trias de la alta-tecno­logía (high-tech) o de los progra­mas informá­ti­cos de la Bahía de San Fran­cisco. Estos indi­vi­duos, cali­fi­ca­dos de “empre­sa­rios de la conser­va­ción” o de “héroes de la conser­va­ción”, tien­den a poseer su propia orga­ni­za­ción cari­ta­tiva que entonces es apoyada por el Wild­life Conser­va­tion Network. La carac­terís­tica del Wild­life Conser­va­tion Network, con respecto al publico y las causas rete­ni­das por igual, es que ofrece una opor­tu­ni­dad de encon­trar perso­nal­mente a conser­va­cio­nis­tas impor­tantes durante las reuniones exclu­si­vas para la colecta de fondos. Todos los sitios patro­ci­na­dos para el trabajo de conser­va­ción están situa­dos en el extra­njero, en lugares exóti­cos, en América del Sur, África y Asia. Adicio­nal­mente, claro, del shop­ping, de la diver­sión y de la varie­dad mostrada que vuelve tan atrac­tivo el rescate de la natu­ra­leza, el Wild­life Conser­va­tion Network permite a sus miem­bros de conec­tarse con y apoyar, a lugares leja­nos por medio de la perso­na­li­dad del conser­va­cio­nista celebre.

Leonardo DiCa­prio es un buen ejem­plo de esos ricos filtán­tro­pos asocia­dos al Wild­life Conser­va­tion Network, al cual el envía regu­lar­mente dinero a través de su funda­ción que de esta forma apoya a dife­rentes proyec­tos de conser­va­ción capi­ta­lista. Un ejem­plo entre muchos : Leonardo DiCa­prio finan­cia el Maasai Wilder­ness Conser­va­tion Trust (MWCT),una orga­ni­za­ción cuyo obje­tivo es la protec­ción de los magní­fi­cos animales que pueblan (todavía) las tier­ras de los últi­mos Maasai (o Masáis), pero no por los mismos Maasai, aunque la inversa sea procla­mada. Esta orga­ni­za­ción apunta, por otro lado, la impar­ti­ción de una educa­ción cada vez más occi­den­tal (el obje­tivo es una incor­po­ra­ción en el seno de la socie­dad indus­trial) a los jóvenes Maasai. Se puede leer en su sitio que : “El MWCT, en asocia­ción con el minis­te­rio de educa­ción , se propone mejo­rar las tasas de matri­cu­la­ción, fide­li­za­ción, desem­peño y de tran­si­ción, así como de asegu­rar la conti­nui­dad de cier­tos aspec­tos de la cultura Maasai al mimo tiempo que infun­diendo una concien­cia de la nece­si­dad de la conser­va­ción medioam­bien­tal”. Los proble­mas con los locales son frecuentes, algu­nos Maasai estan de hecho en conflicto con los orga­nis­mos de conser­va­ción, ya que afir­man ser ellos los mejor situa­dos para preser­var la fauna salvaje. El pater­na­lismo de las orga­ni­za­ciones de conser­va­ción finan­cia­dos por ricos filántro­pos capi­ta­lis­tas que hicie­ron fortuna gracias a la socie­dad que está preci­pi­tando a los animales salvajes que trata de salvar hacia la extin­ción, es un estu­pe­fa­ciente. El carác­ter esqui­zo­fre­nico e insus­ten­table de las prac­ti­cas esta­ble­ci­das por esos “filántro­pos”, que por un lado finan­cian la destruc­ción del mundo y por el otro se preo­cu­pan de preser­var a los animales que estas ponen en peli­gro, es patoló­gico.

La conser­va­ción en África y en otros lugares, como lo desta­can los autores del libro « Capi­ta­lisme and conser­va­tion », Dan Brocking­ton y Rosa­leen Duffy, se ha efec­ti­va­mente desar­rol­lado como producto directo del capi­ta­lismo y hoy, del neoli­be­ra­lismo. Un siglo de esta de clase de conser­va­ción, finan­ciada por el gran capi­tal, que finan­cia para­le­la­mente el desar­rollo indus­trial del mundo, a dies­tra y sinies­tra, ha produ­cido los resul­ta­dos que cono­ce­mos, con las jira­fas de ahora en adelante amena­za­das de extin­ción, como los elefantes y los leopar­dos (y muchos otros).

Aparte de estos progra­mas de educa­ción y de conser­va­ción, el MWCT también presenta un programa de ecotu­rismo que consiste en un ecolodge (“eco-refu­gio”) de lujo,donde los utra-ricos pueden venir y disfru­tar de los últi­mos animales salvajes del mundo. Encon­tra­mos aquí la noción de “Last Chance Tourism” (“Turismo de la última opor­tu­ni­dad”), que sirve para descri­bir un tipo de turismo donde la rareza de cier­tas espe­cies, de cier­tos ecosis­te­mas o de cier­tos paisajes ampli­fica su atrac­ti­vi­dad.

Vaca­ciones para ultra-ricos, en un lugar que ellos, sobre­todo, también preser­van (¿par­ti­cu­lar­mente? ¿exclu­si­va­mente?) para su deleite. Este es un alojo de ecotu­rismo de lujo de “Campi ya Kanzi”, inicia­tiva del MWCT. ¡Los emplea­dos de este hotel 5 estrel­las repre­sen­tan el 95% de los Maasai!

Como la mayoría de los “filántro­pos” utra-ricos, cuando Leonardo DiCa­prio se dirige a las multi­tudes y les habla de ecología, es para miti­gar la amenaza del calen­ta­miento global y por lo tanto impul­sar el desar­rollo de la indus­tria de las energías dichas “reno­vables” y otras medi­das del desar­rollo “susten­table”. No se hace hinca­pié en ningún otro problema ecoló­gico, entre la miriada de proble­mas que engen­dra la civi­li­za­ción indus­trial (defo­res­ta­ción, creci­miento urbano incon­tro­lado, agri­cul­tura, etc.) y de los cuales algu­nos son mucho más urgentes y funda­men­tales que el calen­ta­miento global (que no es más que el efecto secun­da­rio de un estilo de vida ya enor­me­mente nocivo) ; y ninguna medida anti-capi­ta­lista o anti-desar­rol­lista es contem­plada ni consi­de­rada como posi­bi­li­dad. Reflexio­ne­mos sobre ello. Ellos, que son los más privi­le­gia­dos, no van a fomen­tar medi­das cuyos efec­tos conduje­ran a hacerles perder tales privi­le­gios, o los de la gente de su clase.

El calen­ta­miento climá­tico dista mucho de ser la primera amenaza para las espe­cies vivientes.

En su último filme de propa­ganda “susten­table”, inti­tu­lado “Antes que sea Tarde” (para leer nues­tra critica (en fran­cés, sobre este haz clic aquí), se deshizo total­mente de la idea de que fuese posible inten­tar que al menos los esta­dou­ni­denses renun­cien a su confort e impulsó de igual manera a todos los habi­tantes del mundo a alcan­zar el nivel de confort y de consumo del euro­peo prome­dio (o del esta­dou­ni­dense prome­dio). Al mismo tiempo que desar­rol­lando las energías “limpias”, desde luego, entre otras medi­das de distrac­ción. Se trata de la formula perfecta para termi­nar de desre­gu­lar total­mente el clima, de preci­pi­tar un numero incal­cu­lable de espe­cies hacia la extin­ción, de termi­nar de conta­mi­nar, degra­dar y sobre-explo­tar hasta el punto de irre­ver­si­bi­li­dad (a menos que ya haya sido quebran­tado). En menos de 70 años de indus­tria­lismo, el mundo desar­rol­lado o en vías de desar­rollo, logró destruir cerca del 60% de los verte­bra­dos, volvió el aire cancerí­geno y conta­minó con sus produc­tos tóxi­cos a todos los cursos de agua del planeta (entre otros logros ecoló­gi­cos). El estilo de vida confor­table y alta­mente tecnoló­gico del euro­peo (o el esta­dou­ni­dense) prome­dio es flagrante y amplia­mente insus­ten­table para el planeta, inci­tar al mundo entero a adop­tarlo, es una forma de suici­dio.

Recor­de­mos aquí lo que muy pocos pare­cen compren­der : todas las produc­ciones de energías dichas “limpias” (“reno­vables” o “verdes”), todas las produc­ciones de energías prove­nientes del sector nuclear o de los combus­tibles fósiles, todas las produc­ciones de obje­tos elec­tró­ni­cos, plás­ti­cos, metá­li­cos, meta­lo­plas­ti­cos, toda “la produc­ción masiva de obje­tos inútiles que deben ser rempla­za­dos lo mas rápido posible para echar a andar a la maquina, los cuales incluyen a los tele­vi­sores plasma, los scoo­ters eléc­tri­cos, las compu­ta­do­ras última gene­ra­ción, los automó­viles clima­ti­za­dos con equipo elec­tró­nico de abordo que permite mastur­barse sin pausa, las vaca­ciones en la montaña y en Bali, el avión para ir a orinar sobre el atlán­tico, los mega-auri­cu­lares para destro­zarse las orejas, la sabrosa comida indus­trial, etc.” (Nico­lino), depen­den de infrae­struc­tura indus­trial (calles, auto­pis­tas, edifi­cios, redes ferro­via­rias, etc.), las prac­ti­cas extrac­ti­vis­tas (indus­tria minera) y de explo­ta­ción de recur­sos, son anti-ecoló­gi­cas.

De esta forma, además de no ser ecoló­gica, la indus­tria de las energías reno­vables sirve para alimen­tar en elec­tri­ci­dad a una economía indus­trial, esta misma ente­ra­mente perju­di­cial.

La indus­tria de paneles solares requiere de múltiples mate­riales los cuales fueron enume­ra­dos en abril del 2016 por el sitio “Resource Inves­tor”, de los cuales, entre otros : el arsé­nico (semi-conduc­tor), el alumi­nio, el boro (semi-conduc­tor), el cadmio (utili­zado en algu­nos tipos de celdas foto­vol­tai­cas), el cobre (cableado y algu­nos tipos de celdas foto­vol­tai­cas), el galio, el indio (utili­zado en las celdas foto­vol­tai­cas), el hierro (acero), el molib­deno (celdas foto­vol­tai­cas), el fósforo, el sele­nio, el sili­cio, la plata, el telu­rio, y el tita­nio. La mina que se mues­tra en la imagen ante­rior (entre otras) produce cadmio y plata. Poco importa el tipo de panel solar que usted imagine, tendrá que hacer uso de metales y otros recur­sos en canti­dades indus­triales. Y es esto mismo lo que garan­tiza el carác­ter anti-ecoló­gico de la indus­tria de las energías reno­vables así como de todas las indus­trias.

La cultura de la cele­bri­dad, que encarna a la socie­dad del espectá­culo en su aspecto más grotesco, sirve solo para some­ter a las pobla­ciones a las volun­tades de las corpo­ra­ciones y de los aristó­cra­tas de nues­tro tiempo, para prepa­rar el terreno para todo aquello que cuen­tan empren­der y simultá­nea­mente dar engaño­sa­mente la impre­sión que los proble­mas urgentes que cono­ce­mos serán resuel­tos. Igual­mente cabe desta­car que la cultura de la cele­bri­dad es a su vez un atri­buto de las cultu­ras aristó­cra­tas de otras época. En un artí­culo inti­tu­lado « Célé­brité, gloire, renom­mée : Intro­duc­tion à l’étude histo­rique du fait ‘d’être connu de ceux que l’on ne connaît pas’ » (“Cele­bri­dad, gloria, renombre : Intro­duc­ción al estu­dio histó­rico del hecho de ‘ser cono­cido por aquel­los a quienes no cono­ce­mos’”), Myriam Juan et Nico­las Picard escri­ben :

Llame­mosla cele­bri­dad, gloria o renombre, al feno­meno que consiste, según la pala­bra del mora­lista Nico­las de Cham­fort, en “ser cono­cido por aquel­los que no cono­ce­mos” se remite a una reali­dad que ha atra­ve­sado los siglos bajo dife­rentes formas. Sin embargo a primera vista, el periodo actual parece carac­te­ri­zarse por una infla­ción del interés portado, tanto a las perso­nas célebres como al fenó­meno mismo de la cele­bri­dad. El cambio sería, a la vez, de orden cuan­ti­ta­tivo y cuali­ta­tivo, con la multi­pli­ca­ción de figu­ras cuya noto­rie­dad parece prove­nir mayor­mente de su presen­cia en los medios de comu­ni­ca­ción que de su acti­vi­dad propia. Más inme­diata pero también más efímera, la cele­bri­dad es una verda­dera obse­sión de nues­tros contem­porá­neos. […] Bajo cier­tos aspec­tos, esta distrac­ción se asemeja a los fenó­me­nos reli­gio­sos : cria­tu­ras excep­cio­nales que evolu­cio­nan por encima de la masa y envuel­tas de un conjunto de repre­sen­ta­ciones, las perso­nas celebres son pare­ci­das a las divi­ni­dades.

Elitista y exte­nuante, se trata de una forma de inge­niería social, al igual que la educa­ción nacio­nal obli­ga­to­ria y la propa­ganda mediá­tica. Como estas, la cultura de la cele­bri­dad es un perjui­cio del cual tene­mos que desha­cer­nos.

Colec­tivo Le Partage

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