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Los Involuntarios de la patria (por Eduardo Viveiros de Castro)
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Eduardo Viveiros de Castro Río de Janeiro, Brasil, 1951. Etnólogo americanista, obtuvo su doctorado en Antropología en la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) en 1984, y un posdoctorado en la Universidad de París X en 1989. Es profesor de etnología en el Museo Nacional de la UFRJ desde 1978, miembro del equipo de investigación en etnología americanista del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) de Francia desde 2001 y Profesor Simón Bolívar de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Cambridge. Entre 1999 y 2001 fue director de investigación en el CNRS, y profesor visitante en las universidades de Chicago (1991 y 2004), Manchester (1994), San Pablo (2003) y Minas Gerais (2005–2006). Viveiros de Castro obtuvo el premio a la mejor tesis de doctorado en ciencias sociales en 1984, la Medalla de la francofonía de la Academia Francesa (1998), el Premio Erico Vanucci Mendes (2004) y la Orden Nacional al Mérito Científico de Brasil en 2008. Ha publicado más de cien artículos científicos y numerosos libros. Sus trabajos recientes proponen una reflexión sobre la constitución de las colectividades amerindias, con un enfoque en el que se confrontan filosofía y antropología. Su teoría sobre el « perspectivismo amerindio » ocupa un lugar central en la reflexión etnológica contemporánea. « A pesar de los honores y otros adornos, se considera políticamente y ontológicamente anarquico, y sostiene de no temer la paradoja »∗.

El texto a continuación proviene de un discurso publico durante la campaña Abril indígena, Cinelândia.


Rio de Janeiro 20/04/2016

 

« De esta tierra, en esta tierra, hacia esta tierra. Y ya es hora » (Oswald de Andrade)

 

Hoy quienes se creen los amos de Brasil — y que lo son, en último análisis, porque dejamos que lo crean, y de ahí a que lo sean hay un solo paso (una proclamación real, un disparo, un libambo (« cadena »), una PEC [1]) — preparan su ofensiva final contra los Indios. Hay una guerra en curso contra los pueblos Indios de Brasil, apoyada abiertamente por un Estado que debería (que debe) por obligación constitucional de proteger a los Indios y a las otras poblaciones tradicionales, y que debería ser (que es) su garantía jurídica última contra la ofensiva emprendida por esos amos del Brasil, a saber, los « productores rurales » (eufemismo para « ruralistas » [2] ,eufemismo a su vez para « burguesía del agro-negocio »), el gran capital internacional, sin olvidar la fracción congenéticamente estúpida y fascista de las clases medias urbanas. Estado que, como vamos viendo, es el principal aliado de esas fuerzas malignas, con su triple brazo « legítimamente constituido », a saber, el ejecutivo, el legislativo y el judicial.

Más la ofensiva no está dirigida solo contra los Indios,  sino contra muchos otros pueblos indígenas. Debemos entonces comenzar por distinguir las palabras « Indio » e « indígena », que muchos quizá piensen que son sinónimos, o que « Indio » sea solo una forma abreviada de « indígena ». No es así. Todos los Indios en Brasil son indígenas, pero no todos los indígenas que viven en Brasil son Indios.

Indios son los miembros de pueblos y comunidades que tienen conciencia — ya sea porque nunca la perdieron, o porque la recobraron — de su relación histórica con los indígenas que vivían en esta tierra antes de la llegada de los europeos. Fueron llamados « Indios » debido al famoso equívoco de los invasores que, llegando en América, pensaban haber llegado en India. « Indígena », por otro lado, es una palabra muy antigua, que no tiene nada de « hindú » en ella , significa « que viene de la tierra que le es propia, originario de la tierra en la que vive ».[3] Hay indígenas en Brasil, en África, en Asia, en Oceanía, e incluso en Europa. El antónimo de « indígena » es « alógena » [4], mientras que el antónimo de Indio, en Brasil, es « blanco », o mejor, las numerosas palabras de las más de 250 lenguas indias habladas dentro del territorio brasileño que se suelen traducir en portugués por « blanco », pero que hacen referencia a todas aquellas personas e instituciones que no son indias. Esas palabras indígenas tienen varios significados descriptivos, pero uno de los más comunes es « enemigo, como en el caso del yanomami napë, del kayapó kuben, o del araweté awin. Si bien los conceptos indios sobre la enemistad, o condición de enemigo, sean bastante diferentes de los nuestros, no cuesta constatar que la palabra más cercana que tenemos para traducir directamente esas palabras indígenas sea « enemigo ». Meditemos al respecto.

¿Pero entonces esto quiere decir que todas las personas nacidas en esta tierra son indígenas de Brasil? Si y no. Si, en el sentido etimológico informal que encontramos en los diccionarios: « originario de un país etc. en el que se encuentra, nativo » (véase nota (3), supra). Un colono de origen (y lengua) alemán de Pomerode es un « indígena » de Brasil porque nació en una región del territorio político epónimo, así como son indígenas un sertanejo* de las regiones semi-haridas del Noreste, un agroboy[5] de Barretos o un corredor de la Bolsa de São Paulo. Pero no, ni el colono, ni el agroboy, ni el corredor de valores son indígenas — pregúntenles …

Ellos son « brasileños, algo muy diferente de ser « indígena ».  Ser brasileño es pensar y actuar y considerarse (y tal vez ser considerado) como « ciudadano », es decir, como una persona definida, registrada, vigilada, controlada, asistida — en suma, pesada, contada y medida por un Estado-nación territorial, el « Brasil ».  Ser brasileño es ser (o deber-ser) ciudadano, en otras palabras, súbdito de un Estado soberano, o sea, trascendente. Esta condición de súbdito (uno de los eufemismos de súbdito es « sujeto [de derechos] ») no tiene absolutamente nada que ver con la relación indígena vital y originaria con la tierra, el lugar en que se vive y del que se saca el propio sustento, donde se « vive la vida » con sus parientes y amigos. Ser indígena es tener como referencia primordial la relación con la tierra en la se nació y donde se estableció para hacer su vida, ya sea una aldea[6] en la selva, un poblado en sertão[7], una comunidad  en la orilla del un rio o una favela en las periferias metropolitanas. Es ser parte de una comunidad ligada a un lugar especifico, o sea, es hacer parte de un pueblo. Ser ciudadano, por el contrario, es ser parte de una población controlada (al mismo tiempo « defendida » y atacada) por un Estado. El indígena mira hacia abajo, hacia la tierra que le es inmanente; saca su fuerza del suelo. El ciudadano mira hacia arriba, hacia el Espíritu encarnado bajo la forma de un Estado trascendente; él recibe sus derechos de lo alto.

« Pueblo » solo ®existe al plural — PUEBLOS. Un pueblo es una multiplicidad singular, que supone otros pueblos, que habita una tierra pluralmente poblada de pueblos. Cuando preguntaron al escritor Daniel Munduruku si « él, en tanto que Indio etc. », interrumpió de inmediato : « no soy Indio; soy Munduruku[8]  ». Pero ser Munduruku significa saber que existen Kayabi, Kayaó, Matis, Guarani, Tupinambá, y que estos no son Munduruku, pero que tampoco son Blancos. Quienes inventaron los « Indios » como categoría genérica fueron los grandes especialistas de la generalización, lo Blancos, o más precisamente, el Estado blanco, colonial, imperial, republicano. El Estado, al contrario de los pueblos, consiste solo al singular de su propia universalidad. El Estado es siempre único, total, un universo en si mismo. Aún  si existen muchos Estados-nación, cada uno es una encarnación del Estado Universal, es una hipóstasis del Uno. El pueblo tiene la forma del Múltiplo. Forzados a descubrirse « Indios », los Indios brasileños descubrieron que habían sido unificados en la generalidad de un poder trascendente, unificados para ser mejor des-multiplicados, homogeneizados, brasileñalizados. El pobre es ante todo alguien a quien se le ha arrebatado algo. Para transformar al Indio en pobre, el primer paso es trasformar al Munduruku en Indio, después en Indio administrado, después en indio asistido, después en Indio sin tierra.

Y no obstante, los pueblos indígenas originarios, en su multiplicidad irreductible, que fueron indianizados por la generalidad del concepto para poder ser mejor des-indianizados por las armas del poder, se saben hoy el blanco general de esas armas, y se unen contra el Uno, se defienden dialécticamente contra el Estado aceptando esa generalización y exigiendo de este último los derechos que tal generalización les confiere, mediante la letra y el espíritu de la Constitución Federal de 1988. E invaden el Congreso. Nada más justo que los invadidos invadiendo el cuartel general de los invasores. Operación de guerrilla simbólica, sin duda, inconmensurable con la guerra masiva real (pero también simbólica) que les hacen los invasores. Pero los amos del poder los acusan de golpe de Estado, y se apresuran en poner en marcha su propio contragolpe. Para utilizar la palabra del día, el golpe de estado es lo que se prepara contra los Indios en los corredores alfombrados de Brasilia, bajo la forma, entre otras, de PEC 2015[9].

Los Indios son los primeros indígenas de Brasil. Las tierras que ocupan no son su propiedad — no solo porque los territorios indígenas son « tierras de la Unión »[10] , sino porque son ellos quienes pertenecen a la tierra y no lo contrario. Pertenecer a la tierra, en lugar de ser propietario de esta, es lo que define al indígena. Y en este sentido, a excepción de los Indios, muchos pueblos y comunidades en Brasil, pueden decirse indígenas, porque se sienten, mucho más que ciudadanos. No se reconocen en el Estado, no se sienten representados por un Estado dominado por una casta de poderosos y de sus marionetas y mercenarios alojados en el Congreso Nacional y demás instancias de los Tres poderes. Los Indios son los primeros indígenas en no reconocerse en el Estado Brasileño, quien los persiguió durante cinco siglos : sea directamente, por las « guerras justas » del tiempo del colonialismo, por las leyes del Imperio, por las administraciones indigenistas republicanas que los explotaron, maltrataron, y, muy tímidamente, las veces que los defendieron (cuando llegaban demasiado lejos, el Estado les cortaba las alas) ; sea indirectamente, gracias el apoyo ilícito que el Estado siempre dio a todas las tentativas de desindianizar a Brasil, de limpiar la tierra de sus ocupantes originales para implantar un modelo de civilización que nunca ha servido a nadie que no sean los poderosos. Un modelo que continua esencialmente en el mismo modo que hace 500 años.

Un gravado que representa a las famosas « guerras justas », que eran expediciones para capturar a esclavos en tierras Indias (aquí, una expedición que parte del Paraná, en el sur).

El Estado brasileño y sus ideologos siempre apostaron a que los Indios desaparecerían, mientras más rápido mejor; hicieron lo posible y lo imposible, lo innombrable y lo abominable para lograrlo. No que fuera siempre necesario exterminarlos fisicamente para ello — no obstante, como sabemos, el recurso al genocidio continua ampliamente en vigor en Brasil —, pero era necesario en una forma u otra desindianizarlos, transformarlos en « trabajadores nacionales »[11]. Cristianizarlos, « vestirlos » (como si alguien hubiera visto jamas a Indios « desnudos », esos maestros del adorno, del plumaria y de la pintura corporal), prohibirles las lenguas que hablan o hablaban, las costumbres que los definían, someterlos a un régimen de trabajo, policía y administración. Pero, por encima de todo, cortarles de su relación con la tierra. Separar a los Indios (y todos los demás indígenas) de su relación orgánica, política, social, vital con la tierra y con las propias comunidades que viven de la tierra — esa separación siempre fue vista como condición necesaria para transformar el Indio en ciudadano. En ciudadano pobre, naturalmente. Porque sin pobres no hay capitalismo, el capitalismo necesita de pobres, como necesito (y todavía necesita) de esclavos. Transformar el indio en pobre. Para hacerlo, fue y es necesario ante todo, separarlo de su tierra, de la tierra que lo constituye como indígena.

Nosotros, los blancos que estamos sentados aquí en las escaleras de la Cámara Municipal de Rio de Janeiro, el 20 de abril del 2016, nosotros nos sentimos indígenas. No nos sentimos ciudadanos, no nos vemos como parte de una población súbdita de un Estado que nunca nos representó, y que siempre ha quitado con una mano fingiendo dar con la otra. Nosotros los « Blancos » que estamos aquí, así como muchos otros pueblos indígenas que viven en Brasil : campesinos, ribereños, pescadores, caiçaras , quilombolas, sertanejos, caboclos, curibocas, negros y « pardos » habitantes de las favelas que recubren a este país. Todos ellos son indígenas, porque se sienten ligados a un lugar, a un pedazo de tierra — y a una comunidad, mucho más que ciudadanos de un Brasil Grande que solo agranda el tamaño de las cuentas bancarias de los dueños del poder.

La tierra es el cuerpo de los Indios, los Indios son parte del cuerpo de la Tierra. La relación entre tierra y cuerpo es crucial. La separación entre la comunidad y la tierra tiene como rostro paralelo, su sombra, que es la separación entre las personas y sus cuerpos, otra operación indispensable ejecutada por el Estado para crear poblaciones administradas. Piénsese a los LGBT, separados de su sexualidad ; a los negros, separados de su color de su piel y de su pasado de esclavitud, es decir, de despojo corporal radical ; piénsese en las mujeres, separadas de su autonomía reproductiva. Piénsese, en fin y no menos repugnante, en el siniestro elogio publico de tortura hecho por el canalla Jair Bolsonaro* — la tortura, medio ultimo y absoluto de separar a una persona de su cuerpo. Tortura que continua siendo — que siempre fue — el método favorito para separar a los pobres de sus cuerpos, en los comisariados y cárceles de este país tan « cordial ».

Por eso toda la lucha de los Indios es también nuestra lucha, la lucha indígena. Los Indios son nuestro ejemplo. Un ejemplo de resistencia secular a una guerra feroz en contra de ellos para hacerlos des-existir, hacerlos desaparecer, ya sea matándolos pura y simplemente, desindianizandolos y trasformándolos en « ciudadanos civilizados », o sea, en brasileños pobres, sin tierra, sin medios de subsistencia propios, obligados a vender sus brazos — sus cuerpos — para enriquecer a los pretendidos nuevos dueños de la tierra.

Los Indios necesitan de la ayuda de los blancos que se solidarizan con su lucha y que reconocen en ellos el mejor ejemplo de lucha perpetua entre los pueblos indígenas (todos los pueblos indígenas a los que me he referido más arriba: el pueblo LGBT, el pueblo negro, el pueblo de las mujeres) y el Estado nacional. Pero nosotros, los « otros Indios », aquellos que no son Indios pero que se sienten mucho más representados por los pueblos Indios que por los políticos que nos gobiernan y por el aparato policial que nos persigue de cerca, por las políticas de destrucción de la naturaleza aplicadas por el hierro y por el fuego por todos los gobiernos que se suceden desde siempre en este país — el resto de nosotros, también necesitamos de la ayuda, y del ejemplo, de los Indios, de sus tácticas de guerrilla simbólica, jurídica, mediática, contra el Aparato de Captura del Estado-nación. Un Estado que va realizando hasta las ultimas consecuencias su proyecto de destrucción que revindica como suyo. Pero la tierra es de los pueblos.

Concluyo con una alusión al nombre de una calle no muy distante de esta Cinelândia donde estamos ahora. En Botafogo existe, como todos ustedes saben, una calle Voluntarios de la Patria. Su nombre proviene de una iniciativa emprendida por el imperio en su guerra genocida (y etnocida) contra el Paraguay — Brasil siempre fue bueno en eso de matar Indios, de este o del otro lado de sus fronteras. Carente de tropas para enfrentar al ejercito guaraní, el Gobierno imperial creó cuerpos militares de voluntarios, « apelando a los sentimientos del pueblo brasileño », como lo describe el resumen de Wikipedia a propósito de la iniciativa. Pedro II se presentó en la Uruguaiana como el « primer voluntario de la patria ». No paso mucho tiempo para que el patriotismo de los voluntarios de enfriara ; y pronto el gobierno central pasó a exigir de los presidentes de las provincias que retrucaran cuotas de « voluntarios ». La solución a esta lamentable « falta de patriotismo » de los blancos brasileños fue, como se sabe, de enviar miles de esclavos negros como voluntarios. Fueron ellos quienes asesinaron y murieron en la Guerra de Paraguay. Quienes fueron obligados, inútil decirlo. Voluntarios involuntarios.

En efecto. Los Indios fueron y son los primeros Involuntarios de la Patria. Los pueblos indígenas originarios se vieron caerles sobre sus cabezas una « Patria » que no pidieron, y que solo les trajo muerte, enfermedad, esclavitud y despojo. Nosotros aquí nos sentimos como los Indios, como todos los indígenas de Brasil : como parte de un enorme contingente de Involuntarios de la Patria. Los voluntarios de una patria que no queremos, de un gobierno (o desgobierno) que no nos representa y nunca nos representó. Nunca nadie representó a los que se sienten indígenas. Solo nosotros mismos podemos representarnos, o tal vez, solo nosotros podemos decir que representamos la tierra — esta tierra. No a « nuestra tierra », sino la tierra de donde somos, de la cual somos. Somos los Involuntarios de la Patria. Porque es otra nuestra voluntad. Involuntarios de todas las Patrias, ¡deserten!

 

Eduardo Viveiros de Castro

 

Traducción – Edición : Santiago Perales Meraz.


  1. N.d.T. : Propuesta de enmienda constitucional.
  2. N.d.T. : Todos aquellos que apoyan las reformas agrarias y que apuntan a la expropiacion de las tierras indígenas. Son los grandes terratenientes.
  3. “La Palabra indígena viene del latín indígena, ae ‘originario del lugar en que vive, creado dentro de la tierra que le es propia‘, derivación del latín indu arcaico (como endo) > latín clásico in—’movimiento hacia dentro, desde adentro +- gena derivación del radical del verbo latino gino, is, genui, genitum, gignere « gerer »; Significa « relativo a la población autóctona de un país o  que se estableció antes de un proceso colonizador » … ; por extensión de sentido (uso informal), [significa] « qui o lo que es originario de un país, región o localidad en la que se encuentra ; nativo (Diccionario Electrónico Houaiss – Letras negritas del autor) 
  4. N.d.T. : En portugués, la palabra ‘alienígena’ designa también a los extra-terrestres, para dar una idea de la tensión de esos antónimos.
  5. N.d.T : Agroboy : hijo de una gran terrateniente
  6. N.d.T. : Poblado Indio en Brasil
  7. N.d.T. : Zona semi-harida del Noreste
  8. N.d.T. : El patronímico es aquí el nombre de la etnia a la cual pertenece el escritor en cuestión.
  9. N.d.T. : La PEC 215 es una propuesta de enmienda Constitucional Brasileña mediante la cual, entre otras cosas, se haría delegar exclusivamente al Congreso la responsabilidad de la demarcación de las tierras indígenas y la ratificación de las tierras reconocidas Indias. Esta bloquearía y limitaría la extensión de las tierras Indias así como cualquier demanda de parte de los pueblos indígenas. Prevé también la indemnización de los grandes propietarios que se apropiaron de las tierras Indias, en el caso que deban restituirlas. El debate por la votación de la enmienda constitucional esta todavía en curso.
  10. N.d.T. : ‘Terras da União’ : territorios federales. 
  11. El primer nombre del SPI republicano (Servicio de Protección de los Indios) era SPILTN: Servicio de Protección a los Indios y Localización de los Trabajadores Nacionales. Este fue el SPITLN de 1910 a 1918, después solo SPI, hasta ser la FUNAI en 1967, en seguida de una CPI [comisión de investigación] que reveló una infinidad de abusos, de violaciones, de violencias diversas, de explotaciones y de otros beneficios de protección conferidos por el Estado.

∗ N.d.T. : Tomado de la biografía de Viveiros de Castro de este mismo texto traducido al italiano (« Gli Involontari Della Patria ») por Alessandro Lucera & Alessandro Palmieri.

 

Para ir más lejos leer : Eduardo Viveiros de Castro « La mirada del jaguar Introducción al perspectivismo amerindio »

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